26/11/15

Poema de Paulina Vinderman


Se vuelve del amor con menos sabiduría, susurro
mientras él mismo me lava las heridas.
(¿Puede un verdugo ser buen enfermero?)
Desclava, cristalito por cristalito, de la espalda.

Cada uno de ellos se convertirá en poema,
prometo en silencio,
y veo a mi sangre correr por la bañera
(allí donde ahogué a mi muñeca Melancolía).

Oh, árbol violento,
mi cuerpo fue un maniquí distraído.
¿Qué busqué?
Ruleta rusa encubierta, el grito de
de los pavos reales en la noche, una tempestad
que arrebatara mis hojas como el invierno.

Busqué un viaje a un país que no existe
y una muerte que no sucedió.
Entre el desvelo y la euforia, me creí
centro de una ficción: actriz que sobreactuaba
para arder en un glaciar
(un glaciar que sí se muere bellamente
para feroz envidia de mis naves). 



© Paulina Vinderman

Poema de Natalia Litvinova


Pintor

El vestido blanco revelaba su figura.
Ella bailaba y tocaba la flauta.
Él intentó acercarse para desnudarla.
Pero el roce la hizo retroceder.
Abrió sus acuarelas y dirigió el pincel hacia su vestido.
Ella accedió. Se quedó quieta y acompañó cada trazo
con un sonido de flauta.
Los cambios de color merecieron notas más agudas.
Los trazos prolongados, notas más graves.
Cuando el pintor la vio complacida
dio por terminado su trabajo.
Acercó lentamente sus manos y le sacó el vestido
para llegar al lienzo.


© Natalia Litvinova

Texto de Fredy Yezzed



HAY UN TERRIBLE ABISMO ENTRE PALABRA Y PALABRA, cuyo fondo es lo que no puedo nombrar. Ellas mienten como las sirvientas que ocultan el vaso quebrado del día. Ellas ocultan por ese miedo a desnudarse, a mostrarse en público con el rostro que no tienen. Las palabras trafican con el desencanto, me alejan del jardín exacto, de lo que aún no ha naufragado. Las palabras me vendan los ojos, me tientan a caminar en la oscuridad, me empujan por las escaleras. Creemos en ellas porque sólo entendemos el pequeño ensueño que arrojan de sus puños. Caen como un polvo en la noche. Suenan como un cuerpo desnudo contra el piso. La impotencia de inventar una palabra que me nombre. La felicidad está en lo que nunca dirán. Las palabras: sogas hechas a la medida de nadie, cordones que no alcanzan a atar, agua que no sacia. Ni la tortura ni la espera paciente ni el caso omiso las conmueve. Quisiera saber toda la sangre que corre por la palabra alma. Quisiera, por un instante, asomar la punta de la nariz al jardín de la palabra noche. Quisiera por un milagro y, entonces, decir de este dolor la verdad.


© Fredy Yezzed

Poema de Noemí Correa Olivé

  
INERCIA 

Resisto al desapego
de aquello
que estuvo vivo

Se incrustan en mi piel
amores
que no suelto

las inercias
de la vida
son tatuajes
que deambulan
por la textura
inédita
de una cicatriz

Soy una tela rasgada
en una geografía
de ausentes.




© Noemí Correa Olivé

Poema de Alejandro Drewes



Luego se libra la casa
a esa lenta carcoma
de los días y las noches
sin estrellas. Y el fruto
celeste al arbitrio queda
de unos pájaros oscuros

Estas tierras verdigrises
eran anchas como el mundo
que yace bajo las aguas
ahora. Tiendo el oído
pero ya nada responde
detrás de la grave arcada
del crepúsculo: acaso,
Diosa, querrás acoger
esta angustia, infinita,
bajo tu velo inmortal



© Alejandro Drewes

Poema de María Ángeles Pérez López


Hay días en que la luz querría borrar
el signo de la sangre cotidiana
un viernes cualquiera de ceniza
en que un barrendero recoge una paloma
que está muerta en la calle,
caída sobre sí.
No le tiembla la mano
al empujar el cuerpo y su perfume
con preciso
inquebrantable movimiento de muñeca,
y yo miro temblando el gesto elemental
de arrastrar, de alejar lo carnal si no lo es,
si perdió la preciosa trabazón con el pálpito,
su atadura solemne con la vida.
Mientras cae a su muerte yo miro esa paloma
alejada de sí, oscurecida
por el tiempo en que deja el hueco de la especie,
aterida en el suelo de cemento,
su corazón profundo, tan tempestuosa-
mente animal como el mío, tan innoble.

El día trae la marca de su herida.


© María Ángeles Pérez López

Poema de Cecilia González Gerardi


El rito

Y trajo por armadura
ese escudo de grafito
que fundió a la sombra de una noche sin luna.

Luego embebió la pasta
con dos gotas de su sangre.
"Para darle resistencia", dijo.

Y lo mezcló todo
en la alquimia de su quimera,
con cinco gotas de llanto
arrancadas a su mano.

Entonces volcó el elixir
en un molde hecho de tierra.

Cinco noches con sus lunas
aguardé a los pies de la pluma
que me legó el hechicero.

© Cecilia González Gerardi

Poema de Jorge Moreno De Los Santos

        
        Es la herida
invisible que nos sangra.
Quiero decir;
la ceniza:
su burla imperdonable,
su conjunto de humus y vestigios,
sus lienzos salpicados de navajas y serpientes,
su amarilla lentitud
vistiéndonos de epifanías saqueadas.

         (La apatía del puma y su bostezo
en esa sábana que desprecian los viajeros.
Los demonios del oprobio y la renuncia.
La improcedencia de los buques
que nos naufragan en los ojos.)

        Y que estupidez,
remover y remover
con cucharadas de azúcar
el pasado
para que la dicha
nos sepa tan dulce como el primer día.
Cuánto aún por desvivir, amor mío,
cuánta miseria intransigente.
Y cómo olvidar los violines
si no han cesado
de plañir su lánguida letanía;
sus polvorientos búhos
enfermos de jengibre y de ginebra.
Qué fármaco ingerir
para combatir el desvelo
desde todas sus fronteras.
Si la noche persiste
en oleaje y misereres,
y nos nieva sus luciérnagas
para devorar el sosiego.

      Lo sé, amor mío:
la costumbre es la única
anestesia que nos deleita.
Saberse aun más compenetrados
en ese espacio que nos afirma
breves e inermes. Cadenciosos o circustanciales.

        Es la herida invisible que nos sangra:
la ceniza,
los días
o la insana costumbre
de esquivar lo incomprensible.


© Jorge Moreno De Los Santos

25/11/15

Poema de Vilma Sastre


En attendant    

allons plus vite nom de Dieu
allons plus vite – Guillaume Apollinaire

hay tiempo
un pulso apenas y
sin dudarlo imprimir nuestra huella
(ahora es pretérito)
los dados ruedan
retroceder dos casilleros (sin  excusas)
sucede que es ayer y mañana
y hoy aún
el óvalo giratorio absorbe al repente
toda vorágine de agujas
y yo 
en el párpado del día

hay que detenerlo digo
   estopear arrugas
   desandar sus coordenadas
   para zarpar con otros nombres
       (hacia otros nombres)
y vuelta al inicio de este tornaviaje
                 a la matriz original
sin vencimiento de plazos
esperando
con las  horas blancas en la punta de la lengua

¿ya pasó?



© Vilma Sastre

Poema de Vladimir Jantus Castelli


MAGA

Jugaste a esconderte

descolgada del silencio

con jirones de días en las pupilas
resolviste volver a la vieja aritmética de las brujas

al páramo
donde aun perduran esas viejas canciones

cantadas al atardecer

bajo la bruma
invocando a las criaturas perdidas del bosque
con esa música conjurada
de fraseos extraños
en lenguajes ásperas e inentendibles
llena de laberintos sonoros que recuerdan
a las despedidas de los muertos

Jugaste a volar

como un primitivo pájaro ancestral

con plumas talladas en hierro
jugaste con figuras parecidas a los vivos
dándole voz y a veces risa
fuiste la maga de la familia del fuego
los acunaste ardiendo
y ahora arden
arden y hacen del paraíso algo mas ficticio

fabulado y erróneo
que la antigua profecía de la cascada
donde la aves rojas murieron
derrumbándose inertes

en un mar helado y difuso

jugaras a dominar la muerte
pero esa partida
esta perdida
tu única partida perdida
la única

de antemano


© Vladimir Jantus Castelli

Poema de Patricia Corrales



Recordando a Alejandra Pizarnik

Como se hace?
Tanto dolor como barrotes roídos
Tanto devenir en días lluviosos
Páginas cubiertas de lágrimas que no se pueden suplir
no tienen sinónimos
Fechas pasadas por alto
Amigos que hoy no me reconocen
Memoria que fui perdiendo
Como se hace para enterrar tanto amor no correspondido
He dibujados mares para perderme
ocasos para recordarte
un lecho donde sentir el último latido


© Patricia Corrales

Poema de Silvana Merlo


Pequeño volcán

El fuego se desnuda
libre de pecado
penetra en un sueño.
                   A lo lejos
se bifurcan sombras extrañas
sombras que inundan
cuando el sol
se consume en el ocaso.


© Silvana Merlo

Poema de Silvia Rodríguez Ares


cuarto creciente

te dejo el agua
el pan
el día
las tres monedas
de mi bolsa
la última canción de los Stones
y mi perfume quinceañero
en tu fiesta de egresados
te dejo solamente para siempre
y te doy mis llaves
por si la luna crece
y pide más


© Silvia Rodríguez Ares

Poema de Darío Oliva


Ausencia

No importa si la idea
viaja en libro
Germán Domínguez

No importa si la lluvia enfría las miradas,
descalza sombras en ventanas,
demora los semáforos y tu pie moreno
en el lienzo de la sábana del sueño,
si estás conmigo desnuda en el espejo,
y mis ojos no vieron
                que te ibas por la calle,
humedeciendo en tu boca
el beso que faltó en la mía.

Nada importa si no estás conmigo,
y la pena, piel de tinta,
tiende su pálido cuerpo
                      sobre este libro.-


© Darío Oliva

Poema de Victoria Asís



Lúdico

Quise abrir mi ventana y escribirte;
más la puerta de acceso se negó a recibirme.
Supe que mi universo virtual
no tenía señal.

Ideando mil maneras, recurrí a las barras
de inicio, el sistema operativo
no respondía.

La comunicación con mi ordenador
era nula,
como pasa a veces entre los dos.

Procesé recuerdos, aromas comunes,
de cafe, cigarrillos y aquellos que iniciaron
la espera oliendo a olvidos a distancias tan largas
tan nuestras. . .

Ya sin memoria minimizo esta quimera
puedo restaurar mis heridas
incluso olvidarme de ellas,
vaciarlas en la papelera.


© Victoria Asís

Poema de Cecilia Glanzmann


Por siempre

                A Maximiliano

Ser polvo de estrellas
cósmica energía,
ser polvo humano y volver a serlo.

Liberado de toda atadura,
desde el coro angélico
desde tu esencia
eres nuestro guía y maestro.

Gracias por siempre.
El ahora creció en la inmutabilidad
del amor
en el holograma de la existencia.


© Cecilia Glanzmann

24/11/15

Poema de María Cristina Di Lernia



LA LIBERTAD

Este silencio es mío.
Lo descubrí vagando en los asombros
de un otoño de abril
mientras la sed presidía los balcones.

Mío como el intento que me anega.

Incondicional mío como el amor
y como la legión de sombras
que precede mis pasos
mis ausencias
mis bodas profanas con el ángel.

Amo esta voluntad de ser silente
y a cada uno de los hijos que se gestan
en la provincia desplegada de las nubes.

Porque amo la libertad
la impunidad del pensamiento
donde el madero más liviano es una cruz
apocalíptica,
y la verdad estalla
como una larva demorada.-


© María Cristina Di Lernia

Poema de Susy Shock


…Yo, pobre mortal,
equidistante de todo
yo D.N.I: 20.598.061
yo primer hijo de la madre que después fui
yo vieja alumna
de esta escuela de los suplicios

Amazona de mi deseo
Yo, perra en celo de mi sueño rojo

Yo, reinvindico mi derecho a ser un monstruo
ni varón ni mujer
ni XXI ni H2o

yo monstruo de mi deseo
carne de cada una de mis pinceladas
lienzo azul de mi cuerpo
pintora de mi andar
no quiero más títulos que cargar
no quiero más cargos ni casilleros a donde encajar
ni el nombre justo que me reserve ninguna Ciencia

Yo mariposa ajena a la modernidad
a la posmodernidad
a la normalidad
Oblicua
Vizca
Silvestre
Artesanal

Poeta de la barbarie
con el humus de mi cantar
con el arco iris de mi cantar
con mi aleteo:

Reinvindico: mi derecho a ser un monstruo
que otros sean lo Normal
El Vaticano normal
El Credo en dios y la virgísima Normal
y los pastores y los rebaños de lo Normal
el Honorable Congreso de las leyes de lo Normal
el viejo Larrouse de lo Normal

Yo solo llevo la prendas de mis cerillas
el rostro de mi mirar
el tacto de lo escuchado y el gesto avispa del besar
y tendré una teta obscena de la luna mas perra en mi cintura
y el pene erecto de las guarritas alondras
y 7 lunares
77 lunares
qué digo: 777 lunares de mi endiablada señal de Crear

mi bella monstruosidad
mi ejercicio de inventora
de ramera de las torcazas
mi ser yo entre tanto parecido
entre tanto domesticado
entre tanto metido “de los pelos” en algo
otro nuevo título que cargar
baño: de ¿Damas? o ¿Caballeros?
o nuevos rincones para inventar

Yo: trans…pirada
mojada nauseabunda germen de la aurora encantada
la que no pide más permiso
y está rabiosa de luces mayas
luces épicas
luces parias
Menstruales Marlenes bizarras
sin Biblias
sin tablas
sin geografías
sin nada
solo mi derecho vital a ser un monstruo
o como me llame
o como me salga
como me pueda el deseo y la fuckin ganas

mi derecho a explorarme
a reinventarme
hacer de mi mutar mi noble ejercicio
veranearme otoñarme invernarme:
las hormonas
las ideas
las cachas
y todo el alma!!!!!!… amén.


© Susy Shock

Poema de Susana Szwarc


Dedicatoria o el secreto

Tal vez el dedicado
descifre adentro/afuera
el tiempo espacio
no vacío /su lugar.

El rabino-maestro, dice cuarenta años
apenas pasaron 
se escuchan los gritos.
Respira, se le acomoda el sombrero
trato de entender: ¿Cuarenta años,
los del desierto? ¿Cuarenta, el comienzo
de la guerra? ¿Cuarenta, qué?

Una densidad crítica, oscilante, pegajosa.

-Los gritos, ¿de quién?-reclamo.
El rabino aclara como un mantra:
losgritosdecadatorturado

(No respiró, dijo las letras con una sola voz, los ojos vidriosos.)
Sobre el vidrio del recuerdo él vuelve hacia esa amiga-vecina
su hermanito empujado hacia la calle hasta dónde…
no se ve más.
Vuelve al recuerdo: las manos de los padres, de la hermana estirando
estirándose sus siete años. Trece, veinte, treinta, cuarenta años
cuando escuchamos los gritos que no dejan de
escucharse por toda la escuela.
Como un resbalón  pasó el tiempo y suenan el timbre los gritos
de alegría irradian sobre el ojo vidrioso, el otro ojo se derritió.
Una fuerza no separable del poder de ser afectado.
-Aprovechan: los chicos creen que no estoy y hacen la alegría
 de timbres, sonidos traviesos.
Sacude el libro la cabeza, camina el patio y ríen: los ojos nuevos.

Nos fuimos. Nos vamos a lugares distintos.

Camino, la cabeza baja como para no tropezar huesitos, despacio.
Se me pone la piel de gallina.  Si patino sobre un hielo filoso
me salva la velocidad.  Si abro los oídos no me salvo, o me salvo.
Se escuchan los gritos, nítidos, ira dolor palabra muda. No hablar
no hablar no hablar. Empieza a sangrar la nariz,
roja la gota salpica la mirada, los pies.

 Un tubo en la nariz.
-¿Quién
sangra?-, te digo.
La nariz es un tubo rasgando el olor viejo, agrio olor
de la meada
me hago al caminar
(llegaste como un hada, decís)
qué sed adentro/afuera
¿Quién no ve quién no escucha no palpa no huele no roza no imagina no sabe?

El rabino no dijo Auschwitz. ¿La mayor de todas las imperfecciones es el no existir?
Y es otro el chiste, el grito
resuena en curvatura, zigzagueante.
  
El grito es un cuerpo que levanto con la mano.
No pises los huesitos.
(Tu nariz)


© Susana Szwarc

Poema de Víctor Hugo Valledor



Escribir las voces del destino sin oírlas.
Deletrear el códice alfabético de las piedras.
Colorear con sonrisas y cerrojos los párpados despojados del trébol.
El destino nos habla en el oído interno de nuestra alma en  un soplo apenas  de eternidad.
Correr hacia la última página de un tomo incierto de hojas vacías.
En el segundo instintivo de la materia los árboles corretean en la oscuridad.


© Víctor Hugo Valledor

Poema de Yolí Fidanza


Variaciones para días de lluvia

Oh lluvia
oh generosa
Raúl González Tuñón


4ª variación

Así reza el poeta:
Mi voz está quebrada, para honrarte repito unas jaculatorias
Madre de los Desamparados, ten piedad de nosotros.
Bajo la Cruz del Sur esta ciudad padece, apártala del hambre,
de la violencia líbrala, ni obrero sin trabajo
ni menesteroso sin abrigo, ni refugio en las villas,
no más el Nunca más, la desmemoria.

Santa María del Buen Ayre arranca la venda de los ojos, ten piedad,
eres la llama que ilumina la lamparita del Teatro Cervantes
Tu luz
brilla
en mi corazón



© Yolí Fidanza

Poema de Yanina Audisio




PARADA

Parada
Como si el agua
Apurada como si los dedos
Y el agua
Como si fueran un conjunto improbable
Y el equilibro hiciera su mentira
Parada
En la convulsión
Callando el susurro que no gritarías
Hecha en el detenimiento
Sobre el detenimiento
Como si fueras dos
Como si la sombra 
De una hoja mojada
Como el agua
Sosteniendo la ruina
Que se hace de a poco
Parada
Sobre la mordida
De las dos bocas
Como si fueras uno
Y el cuerpo otro cuerpo
Hecho del entumecimiento
La parte donde cae la luz
Parada
Donde cae la carne
Parada
Como si la boca susurrada
No acabara de iniciar
El camino del hambre.


© Yanina Audisio

Poema de Aníbal Silvero



Me dijo Adiós
y entendí que una palabra
vale más que mil imágenes suyas
pérdiendose en el horizonte


© Aníbal Silvero

Poema de Sandra Pien


Para aprender
del filo de la ausencia
pequeño surco de salobre esperanza.
Y entre el horizonte y el mar
la travesía. 


© Sandra Pien

22/11/15

Poema de Aníbal De Grecia



ROCKVOLUCIÓN NOCTURNA

A
¿ves que hay algo entre nosotros?
una beta imperceptible donde jadean mis demonios y tu saliva.

B
Escucho el chasquido de esa lengua grotesca
lamiéndole la espalda a lo que llaman destino.

C
Voy a entrar descalzo a mojarme los pies con estas lágrimas malditas.

Z
En mi velatorio no hubo nadie que llevase puesta la piel.
Los espíritus bellos no necesitan de disfraces.



© Aníbal De Grecia

Poema de Oscar Perdigón




A veces el poeta toma las palabras
y las salva de su propio significado

a veces el poeta
es el mediador
entre las formas imprecisas de las cosas

en el universo del poeta
cada cosa
ocupa su lugar en el silencio

cuando se mueven
surge la poesía

todo poeta ha sido creado imperfecto
para completarse
ante el conjuro
de lo incierto




© José Oscar Perdigón
Foto del autor del poema

Poema de Olga Liliana Reinoso




No puedo escribir sobre el amor
ni sobre la alegría.

Nunca puedo mentir en el poema.


© Olga Liliana Reinoso

Poema de Mary Acosta




                          LÁGRIMAS NEGRAS                                                                                                                                    
  Lágrimas negras 
       se ahuecan como piedras  
en rostros dormidos. 
Sus cuerpos se extienden como raíces 
sobre la enlutada tierra. 
La sangre regada inútilmente 
se desborda, 
por el cántaro manso del tiempo. 
El espacio llora lágrimas negras 
y hoy se esparcen múltiples cenizas, 
sobre almas quebradas. 
Por el rincón de la luz 
llueven lágrimas negras, 
cristalizando la memoria de un tiempo volcánico. 
Tras crujidos dolorosos, nacen pétalos marchitos 
rogando dignidad. 
Vidas sin corazones. 
Corazones arrojados al sepulcro. 
Y tras la realidad trágica, 
un fuerte pestañeo: 
Dios llorando. 



 ©  MARY ACOSTA  

Poema de Ana Romano


Picana 

Terraplén que gesticula
en los andamios de la creación
Vomitan vericuetos
los enrejados de la garganta

Socavando
desacordonan fantasmas
Antifaces que parpadean
profanan pellejos.


© Ana Romano