30/9/15

Poema de Marcos Silber


Alegorías

Cuando escribo “ellos”
aparece el retrato de mi gente.
Si digo “derrota”
es porque nos cruzamos sin advertirnos.
Apunto “fuego”, para regresar
a la caverna donde recuperar mi sombra.
Copio “partidas” y se oye
el aullido negro de perros abandonados.
Subrayo “juego” y bajan colores
y más colores para batir a la niebla.
“Mesa” descubre un jardín de sublimes porcelanas.
“Sueño”, señala a la gigante bestia que baila feliz.
“Lilas”, se ofrecen para que las lleve al poema.
Cuando anoto “tranvía “acude el temblor
de una emoción de olas que no ceden.
“Abuelo” se presenta para que descubra
el desconocido rostro de su voz.
Y si dibujo el nombre de mi amada
será la rendición de los enemigos;
a saber: la soledad, la zozobra,
y la perversa lámpara
que me alumbra la puerta de salida.


© Marcos Silber

Poema de Betty Badaui


25, enero, 2015
                         
                (A Julián, Rocío y Matías)

Los ví.
Tres hermanos
con sus bahías
de aguas limpias.
Todo unn domingo
ofreciendo sus horas
de cuidados y cariño.
Un domingo sin rosas
con una enorme y vieja perra
      que agonizaba
      .rica en amor.



       © Betty Badaui

29/9/15

Poema de Sonia Rabinovich

                             
                  A Malka,mi bisabuela
               
No soy ella
pero en ella fue mi sangre
en su manera de triturar los días.
No soy ella pero la mano
se deja navegar en mares
que entraron y salieron por ojos neblinosos
cegueras repentinas, más que eso,
por mundos invisiblemente apáticos .
Para qué escribir sombras?
Qué luz recupero en cada letra?
Qué sostengo desde la palabra ?
A quién salvo?
-A las dos– me dice
sobre el barco no podía escribir
todo se balanceaba y se hundía
nada era cierto o posible,
¿Qué gano con ir hacia tierras que nunca ví
y saberme parte de aquel desgarro?
Irse de uno para resistir
desde el papel mojado
que sigue chorreando mundos incomprensibles.
Quién me dice – escríbelo, dibújame la cara abierta
a voces desconocidas-
Quién me empuja los dedos
los arrastra sobre esta hoja
que recibe la mudez ,
fragmentos de una proa,
de un sótano oscurísimo.
Rueda la cabeza de una muñeca
sobre cubierta y cae al mar
Madre, mamushka- el grito de la niña
¿de la niña?
Malka se quita el pañuelo de la cabeza
y envuelve la humedad de aquel rostro azul
vestido de su hermana,
crecido el cabello
que decidió su suerte fuera de Kiev
siendo otro de sí
para poder ser.



© Sonia Rabinovich

Poema de Patricia Díaz Bialet


  PULGA INAUDITA

Arde la punta de mi pulga inaudita
como si el novio no volviese a casa esta noche.

Chumba como perra la punta de mi pulga inaudita
dice que me aparte
que me escurra entre los otros novios que me esperan
acá afuera
debajo del alero
ensimismados
como dos gatos que sueñan.


© Patricia Díaz Bialet

Texto de Víctor Hugo Valledor


… de todos modos nos veremos en el sitio exacto no pensado.
En la profunda interlocución de los días solo habla el silencio.
La marcha del que lleva su piano a cuestas por sobre las áridas tierras de nieve.
Y los niños que yacen quietos a la espera de la adultez.
…de todos modos o de algunos modos nos veremos pasar por la mirilla de una ventana de color azul.
En todas las direcciones posibles se aferra el hombre a su batalla personal.
Es nuestro deber supremo no mirar si aún no nos han convocado a soñar.


© Víctor Hugo Valledor

Poema de Germana Martin



deseo

Me miro
desnuda
en el espejo,
y sólo veo
esta piel:
luna escondida.

Devorada de fuego.



© Germana Martin

Poema de Yanina Audisio



O UN PAÍS

Un costado
O un país
La herida y un costado
Parece un exceso pensarlo
Será que la tierra no es la tierra
Y el orden no es la verdad
Un costado
O un país
La herida y despedir la casa
O el nombre de lo menos malo
Invoca los títulos
El cuidado
Pide el cese de la repetición
Que no ocurra de nuevo
Eso de caer y caer
El dominó
Una pieza
El temblor en los vecinos
Se cae un país
O una pieza
Todas las demás
Acusan el juego
Un costado reducido
A la condición de medida
De apuro
Los dados empiezan en cero
Las puertas se ponen pensadas
Hay un río
Une los extremos
Hay un río
Desborda
Un río
O un país
Pide borrar el estruendo
Esa lluvia de monedas
Fustiga
Las mesas con los lugares vacíos
Un costado da
La herida o un país
En todo caso eso que es poco
El cielo está bajando
Huele a pescado cortado con las manos
A mal por repartir.


© Yanina Audisio

Poema de Xenia Mora

  
REMITENTE SIN CORREO

Ya no sé dónde caminarán mis palabras
si en arpegios de partituras inconclusas
o en las alas de un pájaro que canta
-trovador de mensajes errantes-
No sé si se irán con el viento de las mareas
o con las aguas del horizonte en calma
o se perderán en la ruta de mi memoria.
Sólo tengo como destinatario: el infinito.
Y la remitente:
Una piel palpitando
y unos labios con memoria.


© Xenia Mora Rucabado

Poema de Roberto Abad Jordán

  

           
AUTOR ELIMINADO POR EL PROPIETARIO DEL BLOG

27/9/15

Poema de Luis Raúl Calvo

  
Antigua Soledad de la Casa

Ha de perpetuarse
en un espacio inabordable
a la razón.   

En la marginal espera
del silencio
la prolongación de su voz
echará raíces
y el sueño de la muerte
tomará los restos
de una tierra fértil.  

En esa zona, inhabitable
a los deseos
la gestación del huésped
llenará el vacío.


© Luis Raúl Calvo

Poema de Silvia Rodríguez Ares


caballos

apenas si comí

hay tres caballos muertos
esperando mi cadáver

uno es bello y se reclina
en mi sudor

que ya lo amo -digo-
que aún es fuerte

que me lleve lejos



© Silvia Rodríguez  Ares
Imagen enviada por la autora del poema

Poema de Edda Sartori



Barcos
3
De nuevo mediodía                     

                      
                                         y es perpendicular
                                          el reflejo

éramos río
bahía encarnada
arco
sobre el agua 

(no olvido
la tormenta
amanecida) 

y nosotros
trepándonos
al silencio 

para oírnos
para oírnos



© Edda Sartori

Poema de Miguel Oyarzábal




Un poema para Bruno Di Benedetto

Lo dicho, Bruno.
El poema amanece solo
y acostumbra ocultarse entre las nubes;
escorada la tarde,
baja a conversar con la gente
y cuando los sueños no cumplidos se reúnen
suele sentarse en la palma de la mano
a germinar en nosotros,
como un panadero al viento.


© Miguel Oyarzábal

Poema de Griselda Rulfo


Con mis manos
he creado dulzura y caos.
Rocé tu piel
y sentí el ardor
colándose en la mía.
Tus manos dibujaron
la geografía de mi cuerpo.
Esta mañana desperté.
Vi en tus manos
mi corazón
latiendo fuera del pecho.


© Griselda Rulfo

Poema de Teresa Vaccaro


SELENE

                                 A la luna roja- 27-09-15. 


Ella, heredera del tiempo, del misterio 
nos sigue a todas partes. 
Traslúcida, su sombra  nos contempla. 
De arena, de marfil, o de humo, 
de hierro y sangre o celestial 
nos protege de la noche. 
Serena acompaña nuestro viaje. 
Mansa nos inventa quimeras. 
Se ofrece íntegra y minuciosa. 
Celestina del amor. 
Fortaleza de los enamorados. 
Resguardo de mareas.
  
Huella en el agua 
que florece presumida 
custodiando la historia.



© Teresa Vaccaro
Imagen enviada por la autora

Poema de Raquel Fernández


ORIEL

El alma al descubierto
vulnerable.
Estar así. Beberse a uno mismo.
Sollozar.”
Mía Gallegos

La mujer levita
amortajada con un camisón celeste.
Es el fantasma de una nuca rubia
cayendo de rodillas,
el déjà vu de una lengua atravesada
por un anzuelo de amapolas feroces,
la recordación de una boca viva.
Debajo de sus pies
el mundo
se ha quedado vacío de todo
menos de sus lágrimas.

Podría ser una virgen,
rubia,
con un manto celeste
(con un camisón celeste).
Podría ser la intención de lo sagrado.
Pero es una voz descosida de palabras,
Un ovillo de silencio y hambre.

Y sangra.


Oriel Briant, bella profesora de inglés residente en La Plata,  Buenos Aires, fue asesinada el 14 de julio de 1984 y encontrada poco después en un paraje al costado de la Ruta 2 por un automovilista que pasaba casualmente por allí. El principal sospechoso del crimen fue su esposo, Federico Pippo,  presuntamente ayudado por algunos familiares, mediáticamente conocidos como "el clan Pippo". Pippo fue  arrestado el 6 de septiembre de 1985 y posteriormente sobreseído en la causa. Oriel tenía 37 años. Su crimen aún continúa impune.


© Raquel Fernández

Poema de Máximo Ballester



POEMA DE AUTOAYUDA nº 28

Tómese una foto de cuerpo entero y haga muchas copias.
Una en la que usted aparezca como turista
con una cámara colgando del cuello,
una filmadora en una mano y en la otra una guía.
Compre varias reproducciones de pinturas y paisajes.
Recorte su foto y péguela en los cuadros.
Cuélguelos por toda la casa. Cuando lo visiten sus amigos
se asombrarán al verlo a usted en Bombay, en Tánger,
en Saint Thomas, entre los pequeños faunos del
Venus y Marte de Botticelli, en el Guernica de Picasso. 


© Máximo Ballester

Poema de Mary Acosta

 
 


RENACIMIENTO VERTICAL

El silencio en vertical se refugia en su rústico vacío.
Cabalga sin destino sobre el recuerdo inaudible de múltiples voces rotas
que agonizan de luz en luto irreverente.

En apenas instantes,
el cuervo sin memoria libera de su pico
el feroz soplo de olvido con la muerte.
Con manos de pájaro herido, ella asiste al ensayo de su propio naufragio,
Y es testigo sin rostro de verdades calladas y ocultas en el vientre de la vida.

Dura ha sido la condena, por no haber sabido medir el tiempo a su medida.

En concesión,
una lágrima cambia de piel,
dando finalmente sepultura a las cadenas que ataron vulnerablemente
el último grito original retenido en los misterios del origen.

Hoy renace el silencio en vertical
y recobra su centro de existencia,
y aunque lleva el nombre de gota acorralada,
procura restaurar nuevas palabras muertas.



© Mary Acosta

Poema de Nora Coria





DECISIÓN

Ha decidido emprender el viaje.
Un tren lo llama, y lo aguarda.
Abrazado al boleto la ansiedad disminuye,
la estación se vuelve hospitalaria,
el andén se convierte en una oportunidad.

Ahora espera que los rieles sean firmes lazos hacia la verdad. 
Aborda. La butaca lo acoge como una mecedora.
El silbato suena presagiando destinos.

Se inicia la marcha. Su corazón se entrega rítmicamente, con latidos seguros.
Ventanilla abierta. El viento llega de frente quitándole,
uno a uno, los grilletes que la ciudad le ha impuesto.

Su memoria huele lapachos, sus ojos esperan follajes rosados.
Cerros sagrados resguardan su viaje. Cardones añejos acompañan su noche.
El tren se detiene y  el Sol de Los Andes  recibe al hijo.

Felicidad. Ha decidido bien.
El Altiplano le revela su identidad. 


© Nora Coria

26/9/15

Poema de Edna Pozzi


Oh, madre,
con los últimos carozos de durazno
recortabas cabezas de niños calvos,
donde la soledad caía como una lágrima.

Y ellos se visten con alas de mariposas
y hojitas de menta
y caminan por un ancho bosque
entre el musgo y las flores yacentes
y gatos grises.
Miradlos cómo corren y se extravían
sin sentir la llegada de la noche,
la noche que comienza en las arañas
como un remoto búho sobre las ramas del cedro
y en mi corazón que llora lejano
en una casa frente al mar
donde siempre se espera en vano, al atardecer,
que alguien abra la puerta de la sala.

Oh, madre
corriendo entre los tigres
y los terribles cuervos del bosque
mientras el viento a lo lejos
bate el portón de la casa vacía.


© Edna Pozzi
Foto: Horacio Farroni

Poema de Yolí Fidanza






Variaciones para días de lluvia

Oh lluvia
oh generosa
Raúl González Tuñón

3ª variación

Yo quería hablar de la lluvia y hablé de la muerte y la vida
del bar de un poeta sin libro ni lectores que roba un verso que otro
escribió en la taberna de la calle del augero en la media
o acaso en París sobre una mesa de Montparnasse.

Hablé de la plaza de los amantes viejos sin el rodar de aquella calesita
donde es seguro trepó Juancito Caminador cuando los chicos jugaban
con pelota de trapo y el barrilete se enredaba en el metal de la veleta.

No hablé de la ciudad que es mía y que fue suya
cundo el Paseo de Julio, la Recova y la antigua avenida,
no hablé de Amparo Moon, la musa, ni de Manuel Tuñón, obrero,
olvidé muchas cosas, rescato sí unas palabras suyas
Entonces comprendimos que la lluvia también era hermosa.


© Yolí Fidanza
Foto: Horacio Farroni

Poema de Víctor "Pajarito" Cuello




Luis Alberto Spinetta


1

una lágrima
te piensa
              tiene forma

de guitarra



2

el pentagrama
de mi voz
                suele tener

palabras tuyas




el universo
y tus canciones
               caben

en una almendra




© Víctor “Pajarito” Cuello

Poema de María Lanese



Habla Raz 

Había que escucharte ahí 
en la música de ese paisaje 
viajar la noche en tu voz viva 
atravesar la nieve 
con la luna en la palma de la mano 
con tus pechos  
        ruta de las especias 
acomodándose con precisión 
a las firmezas de mi espalda. 
Sí, me acuerdo 
viajar la noche por el paso 
de unión de las estrellas 
para que el desenlace 
preservara los hilos 
en tu cuerpo de espuma 
invocar al silencio 
para que conserve intactas 
las profecías de las mariposas 
invertir el rumbo del sonido de las furias 
con un pedal de plata empujando mi pie 
hasta tu dolor para acunarlo. 
Ahora puedo suponer 
que una marca indescifrable de mi especie 
me obliga a estas constantes  migraciones 
y sus intermitencias 
que no fue inocente vestirnos 
con aquel plumaje de aves nocturnas 
para dejar a salvo el amor 
son esas las aves que miran de frente 
y parpadean 
pero…¿quién puede saber 
con qué oreja se advierte 
la frecuencia en la que vibran 
los dedos de las manos 
que llegan a juntarse?


© María Lanese

Poema de Laura Giraldez


Umbroso                                                                                 

                                                                                    
                       “Deshacerse de las sombras que      
                         se llevan con uno mismo, impedir
                         que el vaho de mi aliento, empañe
                          la superficie del espejo.”
                               MargariteYourcenar 

Dueña de la sombra           
profetiza nostalgia
socava dolor de barranco

cuerpo minado
pulsa de las entrañas
castigo extremo
a la falta cometida

los muertos no están muertos
queda un gesto un detalle
dentro de cada uno
mapas de caminos
amontonados

diseñadora de infiernos
domestica obscenidades.  


  ©   Laura Giraldez

Poema de Cecilia Glanzmann


Llueve

Tiene pecas el vidrio de la ventana
pecas embarazadas
de inesperada lluvia

la vida cruza la ventana
como un péndulo.



© Cecilia Glanzmann

Poema de Gustavo Borga

  
   Caí
de rodillas
el día
que el sol
me atravesó

Me levanté

y comencé
a escribir.



© Gustavo Borga

Poema de Gloria Oscares


LAS SEIS DE LA MAÑANA 

Escribo sentada frente a la ventana
y tu recuerdo viene a enloquecer a mis fantasmas
Me aferro
a ese límite sin espacio
que deja la sombra

En un tiempo
me adornaba con piedras preciosas
y me vestía de azul
como las sureñas de Portugal

Tengo otra voz
que susurra en el aliento
detrás de esta bruma que nos une

Una voz que pelea
con las palabras que escribo
mientras intento esperarte


© Gloria Oscares

25/9/15

Poema de Marta Comelli


DOMINGOS

‘’Cae la tarde y se hunde como todo…
como el hombre’’
Hugo Mujica

Cae la tarde de domingo.
Regresamos de un itinerario formal
como de un mundo sin cáscaras donde nos hundimos.
Un viento profundo musicaliza fuera.
Es el ruido en aullido de los altos eucaliptus, aquello que un día migraron,
y se van restos de luz tras oscuras nubes
como los silencios que guardamos dentro nuestro.
Se suaviza lenta esa línea de sol tras la montaña azul,
cuando los últimos pescadores se aproximan a la costa de pan.
La tormenta sigilosa viene hacia nosotros
y ya no tengo preguntas
porque nada habrás de contestarme
que comprometa este silencio, casi para siempre.
Nos ahondamos,
profundos y solos
como la soledad de la tarde se ahoga
y oculta
en los quicios de las puertas cerradas a la noche

que se acerca.


© Marta Comelli

Poema de Liliana Chavez


La huída fue la única furia
el único mar que se tragó tus piedras
la huída fue el desgarro
del tiempo y la memoria
una cicatriz con las manos vendadas
en la huída se soltaron todos tus perros
rompieron el cerco de la paciencia
se incitaron ante el leve murmullo de la sangre
se excitaron por haber destruido
todo vestigio de música



© Liliana Chavez

Poema de Daniel Arias


Estos hombres heredan la tierra
sobre la piel
como el abrazo del cielo
en las tardes blancas.
Estos hombres son invitados
a la ceremonia del azar,
abismados al hechizo de sus ilusiones
elevan la voz de los sueños
cantando alabanzas como ángeles
y en las alturas de la tenue trama
se revela su escasa insinuación
de porvenir.
Esta dura garra del progreso
impone un delgado pasillo de bala
en línea con la sombra,
decreta la medida y la textura,
el acotado temblor de los rezos
y el espacio de los signos.
Estos hombres,
como pájaros celestes trepan la niebla
por las escalas de cada mañana,
llevan la rosa concluida de la fe
entre los dientes cerrados
y un arco de silencio como escudo


© Daniel Arias

Poema de María Del Mar Estrella

                 
       
                  A Patricia Barone 

Nocturnamente henchida de misterio
como un escalofrío
un relámpago en la oscura placenta de la vida
su voz nos atraviesa, nos impacta
nos convoca de pie sobre la sombra
a la lucha mortal de cada día.

Porque "es" lo que "dice": honesto espejo
de grito popular y de justicia.

Ella alza su voz como estandarte
y tiembla la penumbra ciudadana
le pone al tango corazón de hembra
útero visceral
pasión de riesgo.

Esa mujer que canta lleva en vilo
la fe de quien ofrece
su morada de lágrimas sonoras
para decir que sí
que siempre hay un milagro que se hace posible
para aquel que, jugándose, se atreve.



© MARIA DEL MAR ESTRELLA

Texto de Darío Paiva



Dejaran.

  No es más que una ventana. Sin embargo, por ella se insinúan otros mundos posibles; de miradas sorprendidas, risas en una cama. De espejos hirientes… mundos de errantes solitarios caminando la noche…
  De este lado de la ventana, todo por hacer. Cubrir los espacios que dejara la noche y ahora el sol, insolentemente los enumera.
– Quién ocupo esta silla junto a la mesa. Vaga, breve sensación de una imagen, que sé, fue querida.
  Restos de un vaso roto, conserva cierto líquido de color indescriptible y se enseñorea entre colillas expulsadas del cenicero. Nadie se atreva a juntarlos; en sus bordes, marcas. Tal vez en ellos se escondan las últimas palabras,-no las recuerdo-, que dejaran las manchas de vino en el mantel.


© Darío Paiva