29/8/15

Poema de Graciela Perosio



Ahora que parece
que va a cumplir sesenta,
este trabajo de leer
la tiene por la casa
de un asiento a otro,
de un cuarto al otro
y un rato en la cama,
cuando el tamaño del libro lo permite,
porque variar de posición
es bueno para la columna.
Aunque los ojos, sí,
siempre son los mismos ojos
que acaban irritados, vencidos,
por las noches.
A veces anota frases,
datos, nombres, ideas.
A veces empieza a escribir
y el poema ocurre.
Pero cuando él llega
y le pregunta qué hiciste hoy
es difícil explicar que
leyó durante catorce horas.
¡Ah! también –podría decir-
busqué la ropa en el lavadero,
compré damascos para la cena
y fui al banco
porque pagué la luz.



© Graciela Cristina Perosio

Poema de Gustavo Borga



lector
no me leas

yo no escribo
para vos

escribo
para la niños

que no saben
leer



© Gustavo Borga

Poema de Marta Ortiz

 

Ha de ser la madrugada la que huele a leche agria
y todo suspendido flota en la tierra de nadie.
Ha de ser la víspera
o lo que parece.
No sólo yo. También la que recién era la noche
retrocede a mil por segundo.

Ha de ser el límite que borra el territorio.
La ausencia de mañana.


© Marta Ortiz

26/8/15

Poema de Irma Elena Marc


MAMITA PERDIDA 

Como quien se ha perdido en el bosque 
y no quiere volver, 
Mami dice: 
“¡Me pasaría la vida llamando por mi nombre 
a cuanta cosa encontrara 
hasta que algo respondiera!”. 
Mami esperó las llaves del sexo 
como una lluvia donde la lluvia, 
mi mami tiene un corazón que crece 
como el cadáver de una ahogada 
en el agua inmensa. 
Mi mami loba me quitó 
la canasta con lo que en Ella es nombrar, 
la capa roja que vela lo que en mí es decir, 
para que mi cara lujosa 
y todo lo que en Ella vacila 
sea sueño. 
Mami loba: cósete los ojos 
para que no veas qué boca tan grande tienes.




© IRMA ELENA MARC

Poema de Víctor “Pajarito” Cuello

  
roque, el pocero 

                                          para mi vieja
                                          para mis tíos
                                          para adela salas y mirta dilny 

con su pala
en el hombro izquierdo
roque/ camina 

silba una canción
(parece un tango/ pero no estoy seguro) 

mientras camina/ su pala/ escupe yuyos y pedacitos de barro 

roque vive en san justo
tiene dos hijas/ un hijo
y una esposa
que morirá
a penas comience el año 1954 

roque es el padre de mi abuela
pero/ todavía/ no lo sabe 

los días de lluvia
recuerda a su pueblo/ en albania
donde su madre/ sus hermanos...

pero no cuento más

si él no cuenta

por qué debería yo hacerlo 


a roque lo conocen todos


lo conocen los viejos
lo conocen los niños
lo conocen los perros


y/ ahora/ gracias a mi oficio/
también lo conoce el poema
que no leerá nunca



© Víctor “Pajarito” Cuello

Poema de Darío Paiva

  
                 VI

 Todo de lluvia hasta los pies,
proclamo mi continuidad con el espacio.

Entonces
estoy en la ribera de un río
mirando las hojas
dejarse llevar…
                     …y no viene,
                     y ya no duele.


© Darío Paiva

Poema de Germana Martin


el jardín de mis delicias

Soy la marea de tu jardín
el rocío de tu savia
la boca de tus almendras.
Soy la luna embriagada
que duerme entre tus sueños
y sigue tus pasos
por la ruta de pétalos
que llevan a tu faro.
Vestida de polen,
desnuda de hierbas,
me despierto perfumada,
y cubierta de jazmines,
con una estela dorada
entre las piernas.
Porque empecinados de amor
fecundamos estrellas
cada noche
y por arte de magia
nos parimos poemas.



© Germana Martin

Poema de Mary Acosta


LA CASA DESOLADA 

Recostada sobre el ladrillo desolado
y en silencio,
busco apoderarme de las sombras que danzan burlonas
sobre el patio rojizo y a la intemperie.
Las paredes cincuentonas del ayer,
crujen solitarias y al desnudo,
descarnando las cicatrices cansadas del recuerdo.
Una porción de historia autografiada,
desata a las muecas desesperadas de la furia,
mientras, sollozan lentamente los espacios
inundando soledades de costumbres apretadas por cimientos.
Un desamparo frio,
destiñe a las alas coloridas de la casa.

Todos marcharon, menos el olvido
que sobre mis huesos, se quedó mirándome.


© MARY ACOSTA

Poema de Juan Carlos Rodríguez


Lo hembra de la mujer 

Súbitamente 
el hombre se preguntó 
adentro de qué fruto estaba lo hembra de la mujer, 
esa mujer que lo trastornaba, 
que lo tenía insistentemente ardido. 
El hombre, el poeta, 
descubrió que ese fruto era la nuez. 
Una voz, surgida de tiempos lejanos 
le dijo que era imposible 
porque la nuez es seca 
íntimamente carece de humedad. 
Por suerte, un ángel que miraba 
lo socorrió con  justeza: 
la nuez era seca. 
Dejó de serlo cuando el hombre, 
el poeta, 
tomo la nuez de la mujer, 
otra poeta, lejana y adorada, 
y la miró profunda y delicadamente 
con sus dedos. 

© Juan Carlos Rodríguez


 (Palimpsesto basado en un poema de Rodolfo Braceli).

25/8/15

Poema de Francisco X. Fernández Naval



POEMAS DE NUEVA YORK (3)

WALT WHITMAN

El pozo de la casa de Walt Whitman
todavía se llena con el agua que mana
del mismo manantial que alivió
su sed de esperanza.
El cuarto en donde nació Walt Whitman
todavía conserva
el eco de su llanto inicial, de su primer canto,
enmarcado en el cielo azul prusia
que la mano del padre pintó para muestrario de una casa que es patria.
En el jardín donde jugó Walt Whitman
crecen hojas de hierba
que brotan de los pies desnudos que batieron con danzas ancestrales
sobre antiguas simientes.
El país que soñó el fundador de la nación
se ocultó hace tiempo de las cien miradas,
de las frentes que interrogan, del esplendor del incienso.
Se escondió de la sombra en la distancia del cristal,
en la transacción de almas, esquivo roer que mata,
crisálida de dolor y de victorias que no restauran la paz
ni cicatrizan la sangre.

Yo quisiera celebrarme
haciendo mío lo que fue suyo y todavía percibo:
poeta del cuerpo, poeta del alma,
en cada átomo. Allí. También en los errores
en la contradicción, en el párpado de la vejez y el desamparo,
en la irreverente pasión, en lo oscuro,
en sus dientes de tigre, en su labor de amor. 


© Francisco X. Fernández Naval

Poema de Mariel Monente



CARPE DIEM 

Bajo la sombra del paraíso
transitar ambiguo a la libertad
la mano en el encaje áspero,
rugosa corteza,
encontrando signos del olvido en su sombra.

Lo pálido interno prepara sus jugos.
Asemeja un vientre con vetas oscuras
donde anido.
El consuelo de lo que vendrá es menos lágrima
que este invierno cosido en palabras huecas.

Rogar al crepúsculo un instante de sensatez
y esperar el día,
la hora, la armonía rota en promesas
ajadas,
asemeja a un vientre de vetas oscuras
y entre su espiral dolida
la savia fluye
donde anido.


© Mariel Monente

Poema de Aníbal Silvero


La inquebrantable

Pretendieron quebrarle la belleza
salpicar con maldad su vestidura
arrojarle una pérfida basura
pero se enredaron en su maleza

Buscaron manchar su real nobleza
sumergirla en la agria desventura
destruir su espada y su armadura
mas chocaron contra su fortaleza

Intentaron privarle de su encanto
lanzar el proyectil que la derriba
sumirla para siempre en el espanto

La abordaron con pérfida diatriba
y sólo tropezaron con su manto
apenas si escupieron para arriba



© Aníbal Silvero

Poema de María Julia Druille




Paso el borde del índice
por la pared rugosa y áspera
la luz de la bombilla intensifica
esas sombras
rugosidades que me extrañan
mi conciencia tiene también eso rugoso
semioculto
que la noche pone al descubierto
¿Quién me tenderá una mano
para cruzar este pasillo
análogo a la muerte?
sólo es una noche de desvelo
pero siento los pliegues
del hastío
en las curvas de la madrugada
estoy sola
con una soledad de siglos
que me agobia
una amapola navega los caminos
de mi noche
y me deja un sabor antiguo
de caracola
un sonido que intenta
atravesar
el hilo de los tiempos



© María Julia Druille
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Amalia Mercedes Abaria


LUDWIG II

Pálido como un cisne muerto
yaces ahora bajo lo profundo
de la piedra seca.

Alma despiadadamente sola,
alma rota,
lejano amor que sólo la música consuela,
alma donde los huesos lloran
un abismo sin cuerpo
lento hacia la noche.

Hacia la noche vas
solitario vuelo de la pena,
exhausto cuerpo sin amor,
tu corazón es un espejo negro
desgarro oscuro que Dios ha escuchado
tantas veces.

Veo la misma montaña que tanto amabas,
cansada roca, bella y lejana,
horizonte caído.

Mudo y silencioso,
Ludwig.


© Amalia Mercedes Abaria
Imagen enviada por la autora del poema

Poema de Sonia Rabinovich



               
               A Maria Rosa Finchelman 

Agua de mí
solo eso puedo darle a tu ausencia.
No encontré el camino hacia la tumba
porque los pies saben
donde nada habita.
Solo queda la impotencia de la letra que pedías
y las paredes blancas con cuadro típico
lienzo donde el color no importa ni el motivo.
Cama vacía de hospital a oscuras.
En la casa, los cuadros de la hija, las fotos, el edredón sin estrenar,
 los libros, el arlequín, el títere, la cerámica
 solos siempre  aunque rodeados .
Ya no está el samovar.
¿Y vos ?
Dónde vos, almita amiga
¿Y vos ? Y vos que me anunciaste?
¿Y yo? Y yo sin escucharte por mí ?
No quiero- grita la pequeña que me guarda del mundo.
¿Y vos ?
 y tu chiquita que envolvía en vientos y árboles
que te devolvía a la vida
¿Y vos ?
la única que sabía decirme,
mudarme de lo oscuro,
abrirme la puerta en la noche,
izar un jazmín, un baile, una moneda antigua,
como antídoto.
¿Y vos ?
¿a dónde ?.


© Sonia Rabinovich

Poema de Máximo Ballester




POEMA DE AUTOAYUDA nº 16

Usted es el conductor de su propia vida.
Y su vida es su coche. No deje que otros lo conduzcan.
Usted mismo es el volante, la palanca de cambios
y las ruedas. Regule la velocidad a su antojo.
Cada vez que salga a la calle, camine con la destreza
de un mecanismo hidráulico. Que cada paso suyo
suene como el cerrar de las puertas de un coche importado.



© Máximo Ballester

Poema de Estela Barrenechea


Inundación 

En la inmundicia
deambulan hojas y plástico
mezclados con la flor.
Un colectivo de especies
agita la corriente.
Un frío impar hiela la lengua. 

Las jangadas de basura
marchitan el estandarte frágil
de los campos.
En la bruma el latigazo del rayo
y la tormenta.
La lluvia. 

Esto significa que no habrá luz,
que encenderé las velas mansa.
Los campos anegados y las señas
de muerte.
La noche absurda.
La rabia y la tiniebla. 

Ahora sé
como puede ser de negro
el jardín de esta casa
y como una brizna de tiempo
trae el recado de la desgracia. 

Los charlatanes de las
compuertas y el progreso
nos olvidaron.
¿Qué contemplás?
Ahí vienen. Son bomberos.
¿Sabés? Ellos apagan también
el infortunio.



© Estela Barrenechea

22/8/15

Poema de Lelia Recalde Deponti

 

Camina
por veredas grises
sabe de soledad
junta en el asfalto las salivas
quiere encontrar palabras
que le hablen y rompan
el silencio
Amontona
el frío de la calle
para acompañar
su destierro




© Lelia Recalde Deponti
Imagen enviada por la autora del poema

Poema de Jorge Boccanera



Ojos de la palabra

                             a Octavio Pineda

La palabra,
fogonazo entre el deslumbramiento y el hartazgo,
viaja sobre los hombros del enigma.
¿No quiere ver? (Ve sin querer): estrellas que atraviesan
usinas de ceguera, correntadas de nadie.
Es iguana en la roca calcinada, una pata en el aire, la
otra en el infierno.
Su cuerpo breve da una sombra inmensa.
Quieta no se está nunca por el fuego cruzado de la sangre.
Un chasquido de lengua la echa a andar por baldíos
            donde lo ruin humea y pudre el aire.
A horcajadas, con los ojos vendados. No quiere ver.
(¿Ve sin querer?): bolsas de estiba, dientes de nicotina,
y un corazón sin aparente anhelo que acampa en el vacío.
Esa palabra lleva en su aliento un viaje, un detenerse,
            un continuar.
Sus patas diminutas lo tocan todo por primera vez.



© Jorga Boccanera

Poema de Graciela Aráoz

  
MI VECINO 

Desde la ventana veo faisanes
proyecto el telescopio para llegar a otra,
la de mi vecino nuevo. 

Ese hombre viene y va
miro sus movimientos en la casa. 

Me inquieta este vecino
de mirada aviesa. 

En su balcón pájaros extraños,
paraguas, rollos de pergamino
y una gata. 

Habla por teléfono mientras se desnuda,
es alto, tiene la piel escrita.
Entra en un cuarto,
                         ya no veo. 

Me inquieta espiar a este vecino. 

Sale del cuarto y se apoya en el vidrio
Es 

aquel hombre de sombrero gris,
con quien hicimos el amor hasta el amanecer
un par de ocasos, un par de años
                                         y nos fuimos. 

Nunca supe quién era
y ahora,
es
fue mi vecino.




© Graciela Aráoz

Poema de Sandra Pien


El mundo

Imagen y simulacro
florecen coexisten yacen
en todo.
Sin embargo
hice una prueba
cambié la tarde de lugar.
Desde entonces
cintila diferente
late a tientas
el pequeño resplandor de estar viva.


© Sandra Pien

Poema de Rolando Revagliatti


La Corona complica 

Esquivaría las formalidades
como un mortal cualquiera
si no tuviera que adiestrarme para Rey

La enoja mi recelo
a la nueva delfina de Francia
No sabría qué hacer con esa rubia

Prefiero al herrero con el que lucho
Es más fuerte que yo
Y me enseña.



© Rolando Revagliatti

Poema de Romina R. Silva


Sin paraíso

Suplican las miradas,
recorren el cielo hasta deslumbrarse.
Movimientos suaves, ondulantes,
el fuego pretende expansión,
estalla.
Los lados cubren el todo,
destellos vivientes alcanzan el cielo,
cuerpos sin gloria.
Enajenados los templos,
las almas deambulan dolorosas,
buscan un Dios.


© Romina R Silva

Poema de Cynthia Rascovsky


La luna me seguirá enamorando
... Acepto vivir madre
Me entrego a sentir los relojes.
... Acepto vivir madre
Me atrevo sin cuestionar
... Acepto vivir madre
La rueda de la vida
... Volver a creer


© Cynthia Rascovsky

Poema de Lidia Cristina Carrizo

  
Culpable

Culpable, en el propio asombro de mis pasos,
cuando todo se cae entre mis ojos cansados,
del correr tras de mis sueños a destiempo, sin
que el sol se acuerde que estoy viva y tengo frío.

Culpable, no pensar en mí sola, por detenerme y por
socorrer a quien se cae, pensando que mis fuerzas
son las bastas, fuertes, valerosas, que todo lo pueden,
aún cuando el filo del hambre está al acecho, muerde.

Culpable, por no hablar lo suficiente, de esas voces acalladas,
que sometieron en su condición humana, su tráfico y su muerte.
Su exterminio de a miles, sin que el mundo mire, su lucha inútil
con sus casi veinte años que traga ojos azulinos, el Mediterráneo
por su color, su raza, su idioma, un pan!.. en algún lugar que sea!
Silencio pide la palabra: son todos Culpables, de esta tierra: Todos!



© Lidia Cristina Carrizo

Texto de Víctor Hugo Valledor


Fue un juego inconcluso. Una temible exposición de retratos.
Los días comen días en su organismo lógico. Los niños se balancean en el cuerpo de un hombre caleidoscopio.
Las rosas y las magnolias no responden al llamado de la tiza que marca límites.
Las naciones de papel son eternas vigías de las naciones de piedra.
Voy con todas las fuerzas hacia la hoguera del temblor, el ojo del universo me observa, no parpadea, se mueve a espaldas de lo que muta.


© Víctor Hugo Valledor

21/8/15

Poema de Laura Giraldez

        

La mirada

              “La imagen es terminante                          
                 tiene la última palabra.”                                

  
ciega
tropiezo

destierro
la mirada del tiempo

deshilvano los ojos
cae la vanidad



© Laura Giraldez

Poema de Víctor Marcelo Clementi



La gelatina decrece

bajo la lluvia bonsai
las ranas bostezan en mis dedos,
espero una señal que me convide almas

lluvia confidente
sólo ella me percibe
exhala corales en la niebla

un poema herido es sólo eso:
rasguño en la película eterna
que baraja las piruetas y de nuevo
alfombras voladoras versus OVNIS
radiarán al firmamento con hadas promiscuas

el ánimo es anónimo
circula, me esquiva, escupe milagros
y hasta pandillea por los secretos del sueño

la competencia nos evoluciona
pero no siempre es necesaria
¿ooohmmmm ek ivoco?



© Víctor Marcelo Clementi

Poema de Graciela Bucci


Una rara burbuja 

es la paz después de los combates 
es la gota tardía que devora el desierto 
es la mano que envuelve  acaricia y entibia 
es el olvido lento  o tal vez un aceite bendito en el surco 
es la espera en silencio y una luz que  confunde las sombras para dar nuevo brillo al sentido 
es el bálsamo que sana la herida 

es un punto    y un quiebre 
una rara burbuja que atesora palabras 
es volver a reunirse en un último abrazo y extenderlo en el tiempo y acunarlo en la historia de una noche cualquiera.
  



©  Graciela Bucci

Poema de Miguel Ángel Ferreira



Deseos de Besos

Los besos de ti
Como sabrían tus labios…
Sabores a descubrir.
rojos, anhelantes.
Sabrían a miel?
Que descubrimientos en ellos.
Solo al posar
los tuyos a los míos
si en ese momento
se diera ese instante.
Si, me das un instante de ti?
En ese tiempo y espacio
Solo valdrían los roces,
caricias y ardores
que fluyen de nuestros
Cuerpos entrelazados…

Deletréame uno de tus besos
Déjame latir
Acunarte en esa boca de amapolas
Mientras abrazo tu cuerpo
Erecto dócil  sin preguntas



© Miguel Ángel Ferreira

Poema de Teresa Vaccaro


ESA MESA… 

Revivía 
cartas marcadas. 
Noches en desvelo. 
Charlas inconclusas. 
Secretos clandestinos. 
El chocar de los dados. 
La vibración de una pelea. 
Manchas de vino envilecido. 
Lágrimas de mujer. 
Una fecha postergada. 
Brazos cruzados. 
Flores insensibles. 
El invierno. 
El infierno. 
El amor y el odio.


La impotencia.



©  Teresa Vaccaro

19/8/15

Poema de Susana Szwarc



DESIERTO AL ROJO

Porque es tan intensa la neblina, una mujer
pregunta desde el barco ¿hacia dónde mirar?
Detención.
Si mirase el mar infatigable los días de ausencia
del amado: ¿olvidaría la tierra?
Reproducción.
Ya en vuelo, desde el avión repleto,
la mujer quisiera ver las nubes. Sólo ve
el espacio vacío, y demasiado lejos
los giros de un trompo.
Tal vez sean montañas piensa, al esquivar
la mirada de los pasajeros. Pero si uno de ellos
tuviera los ojos fijos en el trompo
(o la montaña, o el vacío) ¿se crearía una zona afuera para ambos?
Recitan: "Si usted me hiere, usted
no sufre".
Vuelta atrás.
Reaparece el mar de aguas grises, las gaviotas.
Esas voces como un rezo. ¿Qué habrá al volver?
¿Sería preferible eludir el play
si todo lo más que hubiera
fuese su propio dolor al descubierto?


© Susana Szwarc