31/1/15

Poema de Edna Pozzi


perdida
hecha migajas
observo como otros fugitivos
me alquilan me abandonan
cuelgan retratos en mis párpados
y cortinas de humo en mis rodilla
y se van vienen permanecen huyen
me usan por dolor o por cansancio
toman mi sed revuelven mis rostros
y mi pelo

a veces
algún niño
junta todos mis cuartos
mis estantes vacío
y se duerme besándome las manos


© Edna Pozzi

Poema de Susana Szwarc


Situaciones

En otro continente
nos sueño proletarios.
Me invitás (antes de que amanezca)

-No: el cansancio.
-Sí: el deseo.

Flaquea la fuerza de trabajo.
Nos dormimos
disueltos.


© Susana Szwarc

Poema de Jorge Boccanera


Noticias de una mujer cualquiera

entramos a la pieza casi sin reconocernos
sus ojos eran pactos de ternura y violencia
yo la miraba todo el tiempo
      habrá pensado en mi cansancio
      habrá pensado -está borracho-
      habrá pensado en irse pronto
      habrá pensado tantas cosas

me acerqué a sus dos manos
sin dejar de mirarla
desde mi soledad hasta su boca
      habrá pensado en enojarse
      habrá pensado -no es un hombre-
      habrá pensado ¿en qué quedamos?
      habrá pensado tantas cosas

cuando entró el sol cuando se fue
desde mi boca hasta su adiós
y aún en el viaje de regreso
      habrá pensado tantas cosas
      habrá pensado tantas cosas.


© Jorge Boccanera

Poema de María Rosa León

 
 

MENSAJE


               "Y al cabo nada os debo,     
              me debéis cuanto he escrito..."
                 ANTONIO MACHADO 

No podría pensar en un solo 
        destinatario de mi voz. 

No podría imaginar ni un solo, 
   paciente y tolerante 
     lector de mis  mensajes. 

Son todos y ninguno a la vez.
Porque mi voz nace 
    sin que yo la dirija 
      y ni siquiera puedo 
         callarla cuando quiero. 

No la puedo limitar, 
   detener ni contener 
       porque irrumpe y vuela.



                                      © María Rosa León

Poema de Yanina Audisio



HIPOTECA

Está fallando
El azar
Casi parece una conquista
Todo lo predecible
Está fallando
La voluntad con sus peligros
Está fallando
La única seguridad
La imposible
Con su huella desconocida
Tan fácil de matar
Que basta una mirada
Un poco vieja
Un poco nueva
Para manchar de complicidad
La propuesta de cambiarlo todo
En cómodas cuotas
De a golpes de beneficios
Entonces
La respiración
Se hace una tormenta al acecho
Pero la presa es el otro
Como el infierno
Como la promesa
Quizás lo mejor del infierno
Sea su promesa
La respiración
Se hace una mancha
Y uno más de los cómplices
La ciudad
Conoce el terror
De vender el cuidado
A precio de hipoteca
En las pupilas
El terror está remando lento
En la propuesta de ganar algo
Remando lento
El encierro pare su infinito
La duda
La falta
Si tal vez lo hubiera hecho
Si hubiera matado la diferencia
Si la hubiera cobijado
El juego es macabro
Se encierra en las mismas formas
Que produce
Y entre los ladrillos con su nombre
Es nuestro propio hijo
El que no duerme.


© Yanina Audisio

Poema de Silvana Merlo


En tu ceguera

Aquí desnuda ante tus ojos
tus ojos mueren
parece que te diera miedo
mirar
una imagen revelada desde adentro
una imagen impensable y oculta del reflejo
desprendida
de mi otra mitad.
a tus ojos profetas
de extrañas dolencias.


© Silvana Merlo

Poema de Víctor Marcelo Clementi


Vínculos

fluían los setenta
apenas olíamos cannabis
cada pulsación enhebraba mística
Santana era el Jimi Hendrik latino
época de guerrilla, de pañuelito hindú
embebido en patchouly
de romances turbios en un hueco del Torreón,
tanto recuerdo ilícito asoma
psicodelia de exclusión

¿cuánto mutó desde entonces?
Cristos reclutando kamikazes en el supermercado
Budas que no prosperan por encarnar en Biafra
otro gurú desocupado en un Casino de Las vegas
multitudes sólo numerales
bajo la lupa del tragaexistencias

necesito un suero para mi neurosis criminal
más caricias al oído de una doncella
sin dioses con luz enferma
ni mesías del photoshop,
todo chorrea hacia la cloaca existencial
fluídos de una vibración inequívoca

olvidar es llegar al cielo
sin identidad, sin código

solo respirar y diluirse en una amnesia inofensiva.




© Victor Marcelo Clementi Nasif

Poema de Sonia Rabinovich



Con esos mismos ojos
con que atrapa la fugacidad de un cielo,
puede olvidar todo lo asombrado,
puede llenar de lana oscura y gruesa
un tupido telar.

Mundo sin intersticios, a veces.



© Sonia Rabinovich

Poema de Darío Paiva



  Ausencias.

“Si no te conozco en esta vida, hazme notar tu ausencia.” 
                    (Milena Agus).


Cuando la noche se vuelve absurda, es decir, indescriptiblemente hermosa, es entonces que prendo un cigarrillo y salgo a caminarla; hasta encontrar el sol.

¿Y si un día descubrimos la soledad? Una sucesión de ausencias no queridas.

No conocía a la niña muerta atada a un árbol, no supe de sus ardientes veranos en el monte chaqueño.


La soledad, bien puede ser un par de zapatillas colgadas de un cable.


© Darío Paiva

Poema de Aleyda Quevedo Rojas

  
POEMA DEL DESEO

Lobos negros en las montañas
se juntan al acecho

Carne dulce
para los sonidos de la tierra baldía
el hilo mortal y denso de la saliva

Lobos surgidos en la penumbra
allí donde las montañas se juntan
y el deseo llama al deseo.



© Aleyda Quevedo Rojas

Poema de Amalia Mercedes Abaria



TOMA SU PEQUEÑA MANO TRISTE 

Escucha, mira
Qué es eso, un hombre?
Qué es ese oscuro pelaje
con dientes de culebra
gritando agazapado?

Deja, no mires
no mires,
ese es el odio, la muerte
el esponjoso vidrio del mal.

Esa es la guerra.

Mira hacia el  hermano,
                               allá.
El no escuchado.
El olvidado.

Toma su pequeña mano triste,

Escucha, ¿Qué dice este hombre?
Y aquel otro?
¿Sientes, ahora, el gran aliento
sobre el corazón roto?
¿Sientes cómo las sombras huyen?

(Cráneos golpeados y humillados,
tantas cenizas en la intemperie final.)

Está Tu  voz
           y el gran abanico
de las pequeñas y grandes criaturas.

¡Oh Dios, Oh Dios, Oh, Dios!



  © Amalia M. Abaria

30/1/15

Poema de Gabriela Yocco




será que en la mañana se me desteje el cuerpo
hilo tras hilo su larga madeja cae por la casa
se mezcla minuciosa con pelusas y sombras con vocecitas que dicen de mí
o tal vez sale repta hacia las piedras del sur
apiladas como tótem o furia en tu ceniza
en la parte de mí que no es ya camino sino huella en el agua

será que en la mañana se rompe cada espejo o la voz es arena
vidrio en la garganta una cosa temblando
otra manera de ser diferente e idéntica al reflejo que
repartido es tantas yo tanto peso en la piel
la multiplicación de los poros al sol
la pálida estrategia de nombrarse en un rezo
la palabra perpleja sobre el verbo ser


© Gabriela Yocco

Poema de Sergio Giuliodibari


 IMAGEN Y SEMEJANZA

Una vez
llegó a mis manos
un pájaro
y lo desarmé
para entender cómo
funcionaba.
No tenía
instrucciones
así que
cuando volví
a armarlo
no funcionó
como yo
quería.
La vida viene
desarmada
y no trae
instrucciones.
Por eso yo
no funciono
como Dios
quiere.


© Sergio Giuliodibari

Poema de Florencia Lo Celso

  
                  La pintura              
  
                  despegué
                  una a una
                  las letras
                  de tu nombre

                  y destiñó
                  la pared
                  de pinturas

                  con ella
                  el ángel que
                  dejaste
                  convirtió en pedacitos

                   aquel cuarto.



© Florencia Lo Celso

Poema de María Cristina Briante



acerca de Génova

   3)

  suena la música
              el moro vende
                             anteojos
  la gente come
               el moro vende
                      carteras falsas

  la gente baila tango
                            liscio

               el moro corre
               la fiesta sigue sin
                           moros en la costa


© Ma. Ca Briante

                                              

Poema de Claudio Simiz




"El camino que los sueños prometieron a sus ansias" 

Hasta el azul ayer
desvelará sus ángeles
declinará sus garras brumosas
otro incienso
     otra desmemoria
serpeará vibramente
hasta tu puerta
     hasta tu corazón
ya vacío y ahíto
será el veneno
      el polen
que nombres esperanza.


© Claudio Simiz

Poema de Xenia Mora






UNO SOLO BASTA 

Si el planeta tierra
se vuelve un desierto,
un solo árbol basta
para volver a reverdecer.
 
Si la sociedad se corrompe
olvidando los valores,
un solo individuo incorrupto basta
para dar el ejemplo.
 
Si las mujeres deciden
no tener más hijos,
una sola mujer basta
que continúe dando vida.
 
Si todas las manos me abandonan
cuando más las necesito,
solamente tu mano me basta
para saber que no estoy sola.

 

 © Xenia Mora Rucabado

Poema de Norma Gianico



OLVIDO 

Esqueleto inhóspito
para la soledad          el olvido
Espera              detrás de la puerta.



© Norma Gianico

Poema de Néstor Cheb Terrab

  
diluido en atávicas voces
reconoce el lugar donde todo
es como era
hormigas
en hilera trasladan
intentos de retener
el sentido
hay misterio en lo que borra
la marea
olvidar para reconocer
contiguo a lo trascendente
el agua o la tierra
sacar lo bello
de lo comprometido

sangran perlas las narinas
con sombrero marrón
del buda
atrapado en la boya
dual


© Néstor Cheb Terrab

28/1/15

Poema de María Del Mar Estrella


SACRAMENTAL 

Penétrame la boca, vuelca entero
tu licor más antiguo y más glorioso
que mi lengua reciba el luminoso
manantial por quien vivo y por quien muero.
Inúndame de ti, báquica quiero
convalidar el néctar jubiloso
que mi sed de bacante, sin reposo,
libará hasta el final donde te espero.
El cáliz de mi boca te contenta
sacramento mortal, ácido vino
que en agua de saliva se fermenta.
Aquí, sí, en mi garganta está tu sino
con diluvio de sal y de tormenta}
y el génesis de amor de mi destino


   © MARIA DEL MAR ESTRELLA

Poema de Miguel Oyarzábal



CLAROSCURO 

Somos una manga de carenciados
que solemos cruzar el día
escondidos en verdades engañosas,
cuidadosos
de que no se nos pongan al descubierto las rengueras.
Hasta que la tarde huye
y nos dice adiós
desde el horizonte.
Y la noche
descorre las falacias
de modo definitivo:
las palabras ocupan el lugar de los pasos,
las manos se demoran para encontrar los gestos,
las voces también buscan
y los ojos quedan al desnudo
frente a la penumbra.
Y desde esa conmoción,
nos arrojamos al vacío del otro
que nos contiene en la caída

y sin nombre.



© Miguel Oyarzábal

Poema de Claudia Isabel Lonfat


 De mí

Salgo de mí 
dejo el cuerpo entumecido 
bajo la sombra de mi pluma 
donde la hoja 
mitad piedra mitad filo 
me fragmenta. 
yo la poeta la madre la soñadora 
floto sobre las cosas 
acomodo cada cajita de mi mente 
-cuando algún recuerdo me desordena-
entonces 
ese algo que no cesa 
aparece entre las cortinas 
en mi cotidianidad 
se filtra sin hacer ruido 
se cuela con el agua 
mientras lavo la lechuga 
se mezcla con el polvo 
que sacudo de los felpudos 
o simplemente vuela con mis manos 
otras veces 
canta con mi voz 
o ruge como el viento  
no podría explicarlo 
ni siquiera en mil poemas 
cuando la poesía me alcanza.



© Claudia Isabel Lonfat

Poema de Claudia Tejeda


Niña infinita

Anita es una gema de mar.

La inmensidad ingresa por sus talones
como un caballo que repta.

Abre los brazos
-ventanitas delgadas-
y se sube al relincho azul del viento
 en su látigo de sal.

Pez buceando en el aire
sin cardumen ni bandada.
Nadie tan infinito
entre el agua y el cielo.

Le sobran ojos de los pies al flequillo.

La espuma la acaricia en braille.



© Claudia Tejeda

Poema de Daniel Martínez



 CRISTO

                             a Héctor Gastaldi

Conocí a ese tal Cristo en un bar dudoso
andaba como dicen
bebiendo el vino de las causas perdidas
propias y ajenas
creyéndose hijo de Dios hermano de todos

se veía raro alguien hablando de amor
con ropa prestada pero aún con frío
                          y la tristeza
de un mundo cada vez más mundo
y menos utopía

me contó que anduvo por el desierto
jugando al truco con el diablo
y así fue perdiendo una a una las iglesias  

que siempre le cayeron bien
los desesperados los hambrientos y los niños
y que hoy ni se le ocurriría decir
“el que esté libre de pecado
que arroje la primera piedra”  

de su resurrección
un par de cicatrices
la paranoia a la cruz
y los agentes del orden
y una cierta desconfianza
por el aplauso ajeno  

“ser Cristo es tan difícil
como ser Judas
            -me confesó-    
o enamorarse de la más puta
o ser ese Juan Nadie
que no llega a fin de mes”

nos despedimos yo a mi cordura
él a su locura insobornable
y en un abrazo me dijo:  

“no creas todo lo que dicen de mí
aquellos que ni siquiera
creen en sí mismos

y nunca te olvides:  

te van a preguntar por mí
tres veces
tres
   veces
       acordate:  

deciles que no me conocés”   


© Daniel Martínez                           

Poema de Cecilia Glanzmann


EL AGUA EN AL ALBA

Hay un sabor marino
trascendiéndonos,
se diluyen las coordenadas creíbles
se huele un terreno tamizándose
en el arco iris…

este mar que nos penetra
es hermano de milenios en el alba del Verbo.

Quizás estamos andando juntos.
Por la Gracia en el camino, quizás.


© Cecilia Glanzmann

Poema de Humberto Botana


Huella

baratijas envueltas en seda,
deshechos de ilusas ideas,

hilos invisibles prenden los hombros,
las comisuras de los labios imitan el vaivén,

quién es,  dónde está,
seré yo,  adónde estoy,

voy,  me trae, río, lloro,
sucesión de traslucidos infiernos,

vuelvo sobre mi  huella escudriñando,
esfuerzo vano, nada es igual,

Una vez más, el espejo,
una vez más, la nada.

               
© humberto manuel botana

Poema de Beatriz Minichillo



Orfandad

Mi lenguaje
es el inhóspito llamado
de una especie desconocida
que me acunó entre silencios
y ausencias.
Por eso mi palabra no tiene voz.
Es un largo aullido
que conmueve la sustancia
de un tiempo sin nombres.
Un río que duele y quema,
Una paradoja.
Y yo soy ésa,
la que la urdimbre tejió
entre telarañas,
entre hojas tronchadas
como un suspiro contenido,
una flor apenas entrevista
y domé caminos
y sembré grietas y alborozos
y crecí celeste y dormida imagen
entre caricias de amores insomnes
y me hice luz, tierra, acantilado
y regresé a mi raíz.
Busqué y no hallé
extendí las manos
y encontré lo que no quería.
Y aquí estoy de pie
con todas las preguntas
y soy un río sin límites.
Fuego y candil, codicia y deseo,
Un entonces, un ahora, un mañana.
que espera
y desconoce la respuesta.


© Beatriz Minichillo

Poema de Gloria Oscares


CUERPO Y ORIGEN 
                                      
No hay nadie en la casa
sólo un cuerpo que habla
desde el rincón oscuro

La piel guarda en su memoria
el secreto
la noche del insomnio bajo la lluvia

Allí
se estremece

Dentro del cuerpo está el principio
la tierra
los mares  
el abismo

El silencio trae siempre
la voz de la respiración

Callada imagen de sí
en el matiz
de cada instante



© Gloria Oscares

27/1/15

Poema de Marina Centeno


QUIETUD 

Es domingo – lo sabemos-

porque las cosas brillan por sí mismas
en su costumbre de vernos desde lejos
cuando estamos apáticos y a solas

En el día con su efervescencia
en que fermenta la piña
con los grados de alcohol entre las venas

El silencio expande su hermosura
en las grietas que existen dentro de mi cabeza
sin embargo –lo sabemos- que persiste
el fulgor del recuerdo
contemplando la luz del mediodía


© Marina Centeno

Poema de Mariel Monente


VUELVO Y JUEGO 

Juegas y juegas
en una siesta soleada de otoño
y el mundo es
vereda de vainillas
siempre hay
un triciclo
un vestido floreado
un delantal
¿qué es esta porfía de eternidad?
el ronroneo en los pedales
cuando la risa y el llanto
son la misma cara del amor

construyes una arquitectura del olvido
los cimientos se desvanecen en azules sonidos
¿de qué te ríes?
de la muerte que no fue,
y la burla final de cabalgarte
hoy es el fin del crepúsculo,
cuando la siesta eterniza lo amarillo,
y los tilos
¿es tarde, tal vez?
estuvimos en la misma sala,
a la altura de los ojos se alineaban azulejos
y lo blanco
yo también casi me fui
un día
aquel.



© Mariel Monente

Poema de Carmen Amato

  
La roca se mimetiza junto al árbol.

La roca inerte junto al árbol y el acero.
La leña seca ociosa junto al yerbajo.
La iguana oculta  
                             y a la vista    se asolea.

¿Quién la puede mirar si no se fija?
lo más obvio es lo más oculto:
resuma invisibilidad, secreto a voces.
La iguana se mimetiza en la piedra volcánica,
me mira con parsimonia sin perder la compostura;
está cómoda; sus escamas y sus patas expuestas.
La iguana es del color del mundo que la sostiene.
Posee un azul eléctrico y un verde  
                              que son atuendo de lujo.
Lo luce cuando camina bajo el sol
                              arrastrando su belleza,
pero cuando solo descansa
                 en el más transitado paisaje, 
para mirar sin ser mirada
y dar rienda suelta a su instinto
vouyerista:  se mimetiza.

Se desnuda del color celeste,
se pone parda como una piedra milenaria 
y me ve pasar por su ojo…
                            por el que queda expuesto. 
El otro,  
              sabrá Dios qué estará mirando.


© Carmen Amato