5/12/15

Poema de Jorge Paolantonio



la náufraga

las tardes de lluvia
eran el reino de mi abuela Ana Olimpia
que dejaba su cetro en el paragüero
y
jugaba con el orbe 
desganada
de mano en mano
de nieto en nieto
mientras el ojo de la radio
le encendía el valseo
o la marcha en las noticias o los bandos milicales

en su trono
discurría somnolienta
sobre el resplandor de su vida de náufraga
tras haberse arrojado de barcos quietos como las penas profundas
manotazos de ahogada
para conseguir un hombre que la anclase
en una casa grande con amapolas y alcatraces

era otro tiempo su tiempo   claro
otro muy mar
de mar revuelta
el  mar de la indigencia 
para muchacha hambreada de patria y de promesas
donde todo era remo    muelle de paso   cosa de peso     
ramos secos de albahaca en una estancia pringosa
con humedad soplando sus huesos de caña

otro mundo sí
sin cabida para florilegios
 
descubrió que la cocina era su nave insignia
sintió y sin quererlo supo que los caldos más espesos
la remontarían
hasta paladares y bastones de mando    
donde el amor no era sino cordura
a la hora cenital de repartir orgasmos
en hostias salseadas y rubor fingido

una vez
en puerto
tuvo un hombre apuesto y seco
que le podó la soltería  con la certidumbre
de sus asientos contables para el ferrocarril de los ingleses

contramaestre con ojos de perdigones de sal
la puso a achicar su corazón ya inundado de tanto cielo ajeno

parió  tres veces 
luciérnagas  en medio de un garrotillo aleve
y cada vez
el velamen de su vientre  soportó los embates del aire
contra su cerrazón de simple extranjería

pero Ana Olimpia
la náufraga encendida
no dejó que le floreciesen nudos en la garganta
dicen que dijo 
mientras con las manos se abrazaba la cabeza
ecco      ecco  la patria
y desde entonces aventó sus hornallas hasta explotar la caldera
y el velamen
y hacer que la salsa volviese al aceite
y éste a la oliva
y al laurel florido
en un ejercicio de pies de un alma
finalmente en tierra firme       

solo el tiempo irremediable
le trajo nietos y carcoma en la bitácora vacía

yo la vi discurrir somnolienta
y sé que nunca dejó de soñar
con  esa casa grande
la de amapolas y alcatraces
besadas por la lluvia mansa

tarde o temprano
el agua regresa
al lugar que alguna vez fue su dominio


© Jorge Paolantonio

11 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...



Nuestros tristes y queridos abuelos... qué bello poema, Jorge.

Un abrazo.

Alicia Márquez

5 de diciembre de 2015, 15:33  
Blogger Ignacio Giancaspro ha dicho...

JORGE ¿Porque tiene final este poema?
Este poema/historia, pleno de imágenes y sentires puros, bandeja de los recuerdos,regalados como las amapolas no debería terminar nunca.
Tanto fue el embeleso que me atrapó con su lectura, no quería que terminara.
Un abrazo}
Ignacio

5 de diciembre de 2015, 15:58  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Gracis por este poema tan meláncolico, pues me trajo a mi abuela a mi lado, un abrazo,

Silvia Loustau

6 de diciembre de 2015, 17:09  
Blogger graciela noemí barbero ha dicho...

Bellísimo el poema de la abuela, tuya, y la de tantos, inmigrantes que no dejaron de soñar.
Un abrazo
Graciela Barbero

6 de diciembre de 2015, 20:33  
Blogger Noemí Correa Olivé ha dicho...

¡Bello, bellísimo, querido Jorge!! Cuánto homenaje, cuánta nostalgia...

7 de diciembre de 2015, 13:41  
Blogger Nerina Thomas ha dicho...

Los abuelos siempre son nuestros grandes maestros.
Abrazo

8 de diciembre de 2015, 15:28  
Blogger Mónica Angelino ha dicho...

Te envidio, amigo, tu decir tan profundo y bello!

Besosssssss

9 de diciembre de 2015, 1:47  
Anonymous Milagros Rodríguez ha dicho...

Jorge bellísimo poema, una fotografía en movimiento Bravo!!!!

10 de diciembre de 2015, 20:23  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Un Rx del sentir es tu bello poema Jorge! Delicidades! Mary Acosta

16 de diciembre de 2015, 14:48  
Anonymous Anónimo ha dicho...

gracias por el viaje, Jorge, por estos versos vivos!

te abrazo

claudia tejeda

16 de diciembre de 2015, 18:00  
Blogger Adriana ha dicho...

Hermoso poema. El elogio y la nostalgia visten trajes nuevos en este texto melancólico y original que a cada uno le recuerda lo suyo. Un abrazo y muchas felicidades para 2016. Adriana Maggio

28 de diciembre de 2015, 18:10  

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