12/11/15

Poema de Graciela Aráoz


LA LECTORA

Ella busca ese libro
que lee el ritmo del cerebro
cuando el principio de incertidumbre
toca la mirada y la transforma.

Entonces lee las hojas
de las amapolas y el llanto de ese perro
en pleno desamparo.
Lee el gozne de los labios
cuando se cierran cuando se abren para atravesar el secreto
del silencio.
Trata en la lectura de unir el ritmo
del cerebro al cuerpo,
sabe que en las pausas se encuentra
el infinito.

Lee con el tacto el umbral,
los bordes, la cicatriz de un día
que se queda.

Y la lluvia que
nos vuelve a leer.

Los cuerpos en el Nilo, en el Duino
y en el Manzanares son releídos por el
agua de la piel del agua en la piel del cuerpo.

El cuerpo de su amante es leído en braille,
en señas, junto a la música
de Rimbaud, de Eliot, en la yema de los dedos.
           
El ritmo del cuerpo en el ritmo del cerebro
los dedos dicen.
Cuando el aire con círculos
desorientados, asimétricos deja
que habite la nada
ella la lee con el corazón.
¿Qué es la nada?
Quizás la huída exacta
donde convergen la sombra y su fuga.

  La nada en el ritmo del corazón
   es  una gota
   que se desliza
   lentamente
   en la cintura roja
   de una tarde en Lisboa
   con Pessoa leyendo
   el olor, la respiración de la ciudad.
   Leyendo la negritud de los movimientos
   y el vinho del Duero, vos y yo
   de nunca amanecer.

    La lectora mece sus caderas
    y su vientre por el dolor de unas palabras
    que hablan 
    de un  cuerpo sin cabeza
     un cuerpo con cabeza
     de un cuerpo que baila
     |dentro
     de un cuerpo quieto.

    Duele el cuerpo abandonado
    lee el vientre.

     El sexo lee siempre la lluvia
     que produce el relámpago,
     y el beso que se deja
     en el árbol para el siglo siguiente.

     Los órganos
     como una sinfonía leen
     todos juntos
     ese estado inefable,
                                   inconcreto,
   en que ahora, fascinado, danza
   el cuerpo escrito.

     El deseo lee a ese otro cuerpo
     que no se escribió con nada
     y sin embargo está escrito
     con el hilo de Ariadna
     debajo del Sena.

     El hilo del cuerpo debajo del agua
     el agua en la boca
     el agua en los ojos
     que tocan
     a la lectora.

     La lectora leída.


© Graciela Aráoz

6 comentarios:

Anonymous Mariasilvia ha dicho...

Muy bello, muy hondo. Pero encontré dos poemas separados. El primero termina con esa contundente y maravillosa pregunta: "¿Qué es la nada?/ Quizás la huída exacta/ donde convergen la sombra y su fuga."
Encontré dos formas, dos etapas, complementarias, eso sí, pero diversas.

17 de noviembre de 2015, 19:41  
Blogger Liliana ha dicho...


Es extenso el poema pero tan, tan disfrutable que cada verso me llevaba a una delicia. Felicitaciones Graciela!

Lily Chavez

19 de noviembre de 2015, 20:31  
Blogger mariel monente ha dicho...

Profundo se desliza por los sentidos, tu poema marca con su vaivén a la inefable e infinita lectora que nos muestra la belleza...precioso.

20 de noviembre de 2015, 1:48  
Blogger Inés Legarreta ha dicho...

La lectora y la lectura leídos en el cuerpo, en la mente, en el deseo, en los libros, en los elementos de la naturaleza y en los paisajes, todo palabra poética. Muy bueno!!!! Abrazo, Inés

21 de noviembre de 2015, 16:15  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Excelente, despierta deseos de rellerlo varias veces, un saludo,

Silvia Loustau

21 de noviembre de 2015, 20:11  
Anonymous Anónimo ha dicho...

impresionante. para ser lectora con el corazón. ana guillot

28 de noviembre de 2015, 18:07  

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