30/8/13

Poema de Oscar Perdigón


un poema anfibio
atraviesa fugaz la noche
su vuelo
tiene el brillo de un diamante
fluctúa    entre lo oscuro y lo diáfano
perdura        sin fórmulas ni recetas
nadie lo ha visto pasar
tan sólo ha dejado una estela temblorosa
y el desvanecimiento de un perfume
en el olvido de los hombres


© Oscar Perdigon

Poema de Marta Ortiz


Me desperté de madrugada deseando tener un vestido blanco.
Y sería de gasa. Era un deseo intenso y lúcido.
Clarice Lispector



En primer plano un borde rocoso se acantila
amplía o embebe el viento mi vestido blanco.
Al pie del farallón /el bramido azulísimo del mar.

No recuerdo en qué película
de pie sobre el humus
-húmedo-
hundía mi huella

la traición en vilo / el paso en falso:
álgido arabesco y posterior caída
la tela vaporosa abría un embudo
perdía sus plumas.

Un toque de maquillaje y a escena.
La secuencia sobre papel de estraza
boceto a plumín y tinta china.
La misma.
Siempre.

© MARTA ORTIZ


Poema de Cecilia Glanzmann



SÓLO UN DESTELLO

Cuando se nos pase la vida en este plano
el cordón de plata
anunciará lo intransferible....

y no hay palabras

sólo un destello , o más, en la conciencia.



© Cecilia Glanzmann

Poema de Carlos Carbone


DESDE EL BALCON

Desde el balcón miro la calle de las putas
escucho a Miles Davis
que desde su trompeta ensaya formulas 
para burlar
                         A la muerte.

Y pienso
mucho pienso
en ese rudo caballo que a mis pies
tengo atado.

© Carlos Carbone



Poema de Mónica Angelino


la muerte
esa romántica incurable
nunca llega

sin flores.



© Mónica Angelino

Poema de Jennie Escobar Montes


El tiempo llama dos veces.

Un grupo de sillas
sentadas  a  la  mesa
 escapan
de la escena.
Se congelan los golpes
en la puerta
como estalactitas.
Un dilema
arrastra su largo velo
al cruzar la habitación, 
un escalofrío  corta el rostro
con su puntiaguda  lengua.
Pestañea  el  traje
de  un cortometraje.
El tiempo
 siempre llama dos veces
o  vuelve
disfrazado de flor.


 
©  Jennie Escobar Montes

27/8/13

Poema de Liliana Chavez


 
Dónde cavar,
cuándo cortar el gajo
en qué orilla.

No se detienen
los punteros del tiempo.

Se deshacen los moldes
en la curvatura de la vida
cuando se cree tener
todo
y de pronto,
nada.



© Liliana Chavez

Poema de Silvia Mazar


Caracol obstinado de la noche
brisa que mueve suavemente las cortinas
y mece el llamador de ángeles esquivos
Caracol endueñado, luz y niebla
tornasol en la mitad ausente de la luna
afuera pasos
en la caja antigua un yo encerrado
 

© Silvia Mazar

Poema de Marcela García Ferré


El puente

Al atardecer, el amanecer.

Como mirar hacia un sueño
      flotar en el espacio
      ser sol en el atardecer,

      abarcar la misma luz
      ver la energía del césped en haces que se elevan
      suspender el tiempo en una mirada o en varias

y poder abrirle a la vida
el otro lado del puente.


© Marcela García Ferré

Poema de Carlos Alberto Roldán


elegidas algunas cuestiones
para deselegir no sé cuántas
para de un plumazo
llegar tan desnudito como nací
de mis carencias y precariedades

ninguna ya de las coartadas cotidianas
creencias celestiales ninguna
un solo volver a casa
y aprolijar el reino de punta a punta

en las líneas de alguna mano si algo se dijera
debería consignarse esta historia apretada de margen:
es llanuras estos cuatro días de adelante
y llanuras cuando el hacha me encuentre


© Carlos Alberto Roldán

Poema de Bibi Albert


PARQUECIDA


Todos los parques son tristes.
Pero el de Chacarita
es el más triste de todos.
Nunca hay chicos, ni con sol,
porque a ninguna madre se le ocurriría.

Pero encima hoy llueve.
No quiero caer en el lugar común
pero estruja ver llorar a los árboles.
Que acá son diferentes: el cuerpo resignado,
encorvada la espalda de los troncos,
artríticos de tanto reprimir vehemencias,
sin hombros que resistan lo que los hombres cargan
en sus manos de luto.

Tal vez en sueños
tiren pelotas contra el frontón del miedo
-ese NO interminable de cemento-
y se sientan floridos y rotundos,
y llenen el silencio de zumbidos.

Ni el colectivo para, contrafóbicamente.

Y yo sigo esperando, anegada, aterida,
tan invisible como los de adentro,
sin decidirme a rebrotar en canas verdes
y abrir los dedos de los pies
para que jueguen a ser rayos
de sol bajo la tierra de este parque,
alumbrando la mina de mis muertos.


© Bibi Albert

Poema de Fabiana Posse


Las palabras que nos piensan 

Tengo que dolerme.
Tengo  que incendiar  una llama sospechosa en mi rostro.
Tengo que rugir en  el polvo de esta  noche hembra.
Tengo  que apiñarme con princesas sin brújulas, reas de barro, trenes de cartón transparente,
 y decidir con que llave vamos anestesiar  abismos.
Tengo que nacer  letras rabiosas dentro del ring de mi voz.
Tengo  que aburrir al viento de sinónimos y cenar coraje.
Tengo que fracturar  la luz del alfabeto  y adoptar un  laberinto de pan.
Tengo que afilar tijeras y parir mis huellas que juegan brillosas.
 Tengo que vendar la jaula de cristal que me abraza.
Esperar el verso.
Rodear mis dedos de cactus.
Comprarle a  la hoja en blanco unas vueltas en la calesita del celibato.
Dar tiempo al arrebato de la musa.
Abrirme  toda al hipnótico cifrado que morderá como una cobra.
Habrá que resistir el veneno entre las venas.
Hasta sentir la atmósfera que sostenga el peso exacto del poema.


© Fabiana Posse

24/8/13

Poema de Néstor Cheb Terrab


 
te llamaría barcelona
te pintaría de tormenta
si encontrara tus ojos invertidos
imantados de púrpura dolor
pediría clemencia
asustado por la brevedad
de tu nombre
barcelona daría tiempo
a los sentidos
con luz de luna
en noche de penumbra
te imaginaría en el desierto
de espaldas
montando el caballo color monje
huyendo entre las dunas
del presente
te llamaría
si me sale la voz
por tu nombre

© Néstor Cheb Terrab



Poema de Susana Szwarc


CANCIÓN DE CUNA 

No quedarse pegada a la falta
de comida.
Hay otros textos que descifrar,
no ese agujero de la olla vacía.
En la heladera
inmensa como vientre del noveno mes
sólo un cartón de leche
aguada. Cada día habrá
más agua ahí.
A las niñas engañadas
les crecen vientres
como heladeras vacías.
La más pequeña entona y habla.
Mientras,
madres bajo la lluvia
empapeladas de diarios sus cabezas
miran casas
vacías para alquilar.


No quedarse pegada a la falta.
De casa y comida no se ha de morir.

© Susana Szwarc


Poema de Norma Gianico


FATIGAS

¡ Cuánta fatiga de manantial !
esa callada transparencia
 que me imagina 
vibrar junto a la majada del tiempo
que me encadena 
a migajas anochecidas sin escalones
a un amanecer de teclas invisibles 
 al sudario del último sonido de mi piel.


© Norma Gianico

Poema de Cynthia Rascovsky


Elixir 

Derrama tus pájaros
en la humedad de mis nalgas
atraviesa  mis labios
                       y bebe todo de mí.

Acomoda tu género
saborea mis pestañas
la alondra colorida
 y juega con el goteo
              de mi manzana embebida.

Manifiéstate en el perenne arterial
atrincherado en la gloria
y fulmina con tu lengua
el elixir
                de mis piernas ardorosas.



© Cynthia Rascovsky 

Poema de Rolando Revagliatti

A mi amante 


Desde mi genitalidad
con vos tengo
atenuantes

Desde la perspectiva del amor
en cambio
agravantes.



© Rolando Revagliatti

Haiku de Lía Miersch


Titiriteros
Con mi estrella y la luna
juegan los hilos

© LIA MIERSCH
Imagen enviada por la autora

Poema de María Luisa Márquez


Fabulado blanco
donde los lobos
           y las hormigas aparecen.
Recurrente de espasmos
           vigilias, flores decapitadas.
Desde la mirilla deslumbras
tu acontecimiento.
Cargamos en los hombros
           el parto de aullido.
Se corta el aire
           con el filo del aliento.
Blanco satélite
           que deslindas
otra vez el juego
y me prohíbes que te nombre.


© María Luisa Márquez

Poema de Laura Soledad Romero


El pájaro tirado
nuevamente
allì

el viento
el ruido
del último colectivo 

Nos distanciamos 

Es tarde,
pienso, mientras me alejo,
me preocupa no saber aún qué cocinar. 

Con qué ingredientes
se alegra el momento 

la noche
tiene un pájaro muerto en su recova 

Estamos gravitando una eternidad
que nos es ajena



© Laura Soledad Romero

23/8/13

Poema de Carolyn Riquelme

 

La tiíta mira sus paredes


Su casa en miniatura le roza los brazos

No puede ahuyentar las sombras de humedad y miedo

no recuerda las oraciones ensayadas
de chiquita
ante su madre
que la vigilaba de reojo
como sin querer ver lo que veía

y ahora las sombras le golpean el aliento

de nada sirve azotar el cuerpo
en una casa mínima

de nada sirve escarbar
en la impiedad
de la memoria

La sentencia de su debilidad
es esta casa empañada desde adentro

además
nunca supo todas las palabras de la magia


© Carolyn Riquelme


Poema de Irene Marks


¿SÍ?

Hablaba 
del silencio de los pájaros
los árboles resecos
la caída de millones de arañas.

Hablaba
de la tierra perdida
la diferencia entre pobres y ricos
de la lucha de clases.

Y ahora qué decir
cuando ni un solo ruido
ni un murmullo.

Hablaba
para oírse a sí misma
para comprobar
que aún 
el sonido era posible.

© Irene Marks 

Poema de Alicia Perrig


No sé
muy bien
el porcentaje de tu pérdida
no sé nada de porcentajes
                       en realidad
no sé
muy bien
        tanto

ahora que florecen los lapachos
y camino
como siempre
con vos tan perdida de lo cierto
con vos tan perdida
tan desde siempre
                lejos

con este porcentaje tan chiquito de esperanza

(otra vez el porcentaje
                   que no sé)

de esperanza con el ruedo descocido

justo ahora
         ahora
que florecen los lapachos.

© Alicia Perrig


Poema de Milagros Rodríguez


Impresiones en sepia  II

Mi  madre y yo pelábamos castañas
cuando el calor del verano nos aceitaba las manos
Ella, tarareaba una canción gallega
Yo, le miraba los ojos ¡tan lejos de las castañas!
eran dos pájaros al norte remontando la tarde

Al final del corredor, mi padre se lustraba los zapatos

A veces, recuerdo aquella tonada lejana
y por los viejos ventanales que dan al jardín
se vacían los nombres, de los que ya no habitan la casa


© Milagros Rodríguez

Poema de Verónica Peñaloza


Somos una señora de anteojitos 

Conocí a Hadaconhache
cuando era una mininube llena de lluvia,
me seguía y maullaba sin parar
Y una señora de  anteojitos,
directora del destino
nos miró y me dijo
“Si no te la llevás
viene una rata grande esta noche y se la come”

El andar midiendo quién la tiene más larga
la razón apropiada y que te lo digo yo y es así
querer ganarse todas las bolitas
guiñar el ojo aunque el ancho de espadas ni siquiera esté en el mazo
sobrar que tenemos más fuerza que el ancho Peuchele
defenderse cuando no hay ataque
la estrategia de ataque cuando estamos vulnerables
hacer todo lo que se puede y lo que no
querer rojamente aunque eso signifique
entregar la última Toddy que queda en el paquete
hacer lo mismo que hacemos todas las noches
tratar de conquistar el mundo
la demagogia
ser de la mitad más uno
ser de la mitad menos uno
mirar para atrás cuando te caes en la calle
a ver si alguno te vio
googlear aprobación
en cada ser vivo o inanimado que te cruzás
persistir hasta que te manden al carajo.

No somos más que una mininube de lluvia
cruzada con una señora de anteojitos
maullando pidiendo al otro
que nos lleve un rato
porque mete demasiado miedo
esa rata grande
que nos come de noche.


© Verónica Peñaloza

Poema de Alberto de Jesús Goicouria



La ausencia reverbera
en el alma
y la colma de nostalgias
abrazando la vida,
                         incluyéndolo todo.

El viento es una voz adormilada
y el silencio un suspiro:
simulación fantasmagórica del fuego que se funde
en el corazón de la piedra.
Nostalgia etéreamente espesa.
Evaporación de la decantada existencia.

Hoy, la palabra
que amasija la música inalienable del deseo
como una herida sangrante en el amanecer,
el eco de una mirada divisando el horizonte
esperando el despuntar del alba en días de niebla.

Universalidad que escalofría…

Sin la mínima calidez de los cuerpo,
     el sol es una efigie escalofriante
 que nos recuerda que el tiempo
pudo haberse llevado también la luz.



© Alberto de Jesús Goicouria

Poema de Anamaría Mayol


SUCEDE

Sucede que de pronto
envejecieron  la sala
los sillones
el baúl de  los bisabuelos
 (improvisada mesa
dónde apoyar recuerdos
frente al fuego)

 la gata
durmiendo al sol en la ventana

envejecieron
las sombra bajo la lámpara
los libros
la foto de familia  
los hijos  los amigos
la  casa con sus ecos

Sucede que de pronto envejecieron
la mueca
el reflejo en el vidrio
con el rostro de lo cotidiano
el silencio rodeado de palabras
las palabras que murieron de pronto
sin previo aviso
 envejecieron 
¿envejecimos?’ casi sin darnos cuenta
Sucede que el  recuerdo
que el olvido
que el hoy tan ficcional
que todos los mañanas


© Anamaría Mayol