30/3/12

Poema de Paulina Vinderman



¿Si estuviera en otra ciudad sería más fácil?

Hay verjas que lo ocultan todo (y huelen a
pintura reciente) y golpes de viento en mis papeles.
La tristeza es medida, calculable: sólo una falta de
ternura y una postal envejecida de un rincón de mar
que no recuerdo (y no importa).

En el país de la memoria la idea de eternidad
es una flor abierta, voluptuosa como una orquídea.

En mi cuaderno aparecen casuarinas
que lloran —en mi lugar— sobre los adjetivos.

© Paulina Vinderman

Poema de Nina Thürler


es necesario creer que recuperaremos esas ausencias

III

es menester creer que aún es posible
recuperar presencias que partieron

de otro modo es difícil. .. Inútil. .. Imposible
intentar sonreir por las mañanas

se hace lento el pensar ..... pausada el habla
la mirada se pierde en los rincones
buscando los indicios que dejaron
para que no olvidemos

es difícil pararse en los portales del olvido
los sentidos atentos
esperando algún signo que nos diga
que están allí
al fondo del recuerdo
pero que volverán a nuestras vidas
sonrientes
....... como antaño
nos tomarán las manos
se oirán sus carcajadas .... nuestras risas
volveremos a aquel lugar secreto que encontramos
cuando aún nuestra piel olía a rosas frescas
a duraznos maduros
................. a albahaca /
............................. a hierbabuena
y nuestras voces tenían rumor de cántaros repletos

es menester creer que aún es posible
recuperar el canto de los pájaros
............... el verdor del verano
...................... el brillo en la mirada
y sobre todo la sonrisa
. es absolutamente necesario regresar al comienzo
........ del camino
..... para llegar seguros al final
..... sin que arda en las arterias ese ramaje oscuro
..... que se posa en los ojos
..... cuando han amanecido los olvidos

© Nina Thürler

Poema de Norma Segades



Dalila

“Y ella hizo que él se durmiese sobre sus rodillas; y llamado un hombre, rapóle siete guedejas de su cabeza, y comenzó á afligirlo, pues su fuerza se apartó de él.” (Jueces 16:19)


Observan con sus ojos de condena
como si nunca hubieran sospechado un sisear de traiciones satisfechas
reptando
en las tinieblas de la noche
hacia el precio final de la codicia.
Observan con sus ojos de reproche
los meandros impetuosos de las sábanas
las trenzas de cabellos retorcidos
cercenados
al borde de la luna
por determinación de mis caricias.
Podría declarar
en mi defensa
que el gran juez de Israel es un fantoche,
un autómata inútil,
un pelele subordinado al dios de sus ancestros
y al cumplimiento fiel de su doctrina.
Pero no diré nada.
Está en mi esencia no apreciar los amores reverentes
no valorar la entrega ilimitada con que los hombres pierden
en el lecho
el patrimonio breve de su dicha.
Es que a mí no me inquietan las sentencias brotadas de sus miedos primitivos.
No creo en la falacia de esos dioses que reivindican guerras,
sufrimientos,
hambre dura,
muñones de injusticia
y a cambio de algún cielo prodigioso reglamentan penurias en eclipse,
remolinos de fiebre,
ceremonias donde solemnizar,
sobre las piedras,
estertores de sangre redimida.
Porque yo soy Dalila,
filistea del Valle de Sorec,
en Palestina;
infiel al corazón y a la liturgia,
infiel hasta la médula del pulso que corre por mis venas atrevidas.
Porque yo soy Dalila,
soy atea,
y desconozco el arrepentimiento.
No me inclino,
jamás,
en los altares.
No admito sus leyendas.
No permito ni un vestigio de culpa en mis pupilas.

© Norma Segades

Poema de Paulina Juszko



LANCES EN LA CAPILLA DE LAS CANOSSIANAS

Ton souvenir en moi luit comme un ostensoir!
Charles Baudelaire, Les fleurs du mal

Mínima blancura / pureza máxima irradiando solar en medio de la penumbra
engarce de oro para tanto albor
y en medio del silencio un perfume de claveles / azucenas / nardos
(cuando todavía perfumaban
cuando aún baudelerianas las flores se evaporaban cual incensarios).

Y en medio de la soledad presencias misteriosas frecuentando la ausencia
identidades ambiguas
(porque no era la misma hostia de los recortes guardados en los bolsillos para jugar
a la comunión
o las “cercenaduras” que el sacristán le regalaría mucho más tarde a su Cristinica
era lo mismo y no
de pronto no: Él la habitaba).

Y en medio de los rezos fijaba la vista en la custodia
sin pestañear
seguramente vería su rostro
(porque ella era buena / tenía fe / podía compararse sin desmedro a cualquier santo)
¿por qué a mí no?
¿por qué a mí no?

Y en medio de la adoración un duelo sin cuartel
estábamos enfrentados en la penumbra / en la soledad y el silencio / entre rezos
musitados
mis ojos te atravesaban con dardos de súplica.

Y en medio del mareo / de la náusea nacían serpientes que se deslizaban sobre los
reclinatorios:
la Frustración de cabeza gacha y ojos llenos de lágrimas
el Resentimiento áspid agresivo de mirada llameante y corazón insatisfecho
la Envidia enroscada sobre sí misma y mostrando su lengua bífida
la Soberbia reptil de belleza incomparable
las cuatro serpientes capitales tomando posesión de su presa.


© Paulina Juszko

Poema de Graciela Maturo



Dafne

La mirada de Apolo enamorado
la tocó como un rayo.
Su alma fue llamada a una isla de luz
su cuerpo se transformaba en verdes ramas
cantantes
ebrias de puro ser.
Conoció el arrebato de nubes indescriptibles
y la felicidad de nadar entre hojas de diamante.
Una mirada de fuego
la sostenía sobre el abismo.

Moraba en la alegría de una fiesta
de niños y racimos.
La vida era un paso de danza
hacia el cerúleo mar resplandeciente.

La acompañan memorias encendidas
dalias de fuego
un viento
hecho de pájaros.
Déjala reposar entre fulgores
no temas por su muerte.

© Graciela Maturo

Poema de Héctor Miguel Ángeli


EL NEGRO DE LAS ROCAS

Un negro habita entre las rocas
que disuelven la incertidumbre del mar.
Desde allí, contempla la fiesta de los otros.
Más allá de un suave corazón
tiene en las manos el sexo del mundo.
Con ese demonio
podría ganar todos los salones.
Pero el negro entiende su libertad.
Prefiere salir de su codo de piedra
cuando las nubes dibujan la tarde
para comprar con una limosna
un sucio plato de arroz.

© Héctor Miguel Ángeli

Poema de Nilda Barba


serrucho para zapallo va y viene
gasas mojadas en yeso
esconden una pierna bailarina
y la cadera de niña que se hace mujer
corsé castigo ... fantasma
sin ábrete sésamo ni zapallo carroza
serrucho en las manos
de terciopelo el alma dentada
libera la seda que perdía color
va y viene

© Nilda Barba

Poema de Patricia Díaz Bialet



DOS ODALISCAS

Dos odaliscas morenas bailan sobre tu pecho.
En cubos de hielo se deslizan.
Hunden su mentón encinta.
Alardean como ranas afectadas.
Desmenuzan pan sobre tu vello.

Dos odaliscas morenas zurcen redes de papel sobre tu pecho.
Con escobas de oro se aferran al Vesubio.
Y luego abren sus grandes bodegas y esparcen su gesto de humus desbordado.


Dicen ellas
Somos aire de jadeos azules.
Sacrificio aterido más allá de tu espalda.

© Patricia Díaz Bialet

Poema de Xenia Mora



SOLEDAD II

Eres una sombra
frío invernal
vereda gastada
de soledad.

Vas sin rumbo
con retazos de alma,
paseas tu hambre
descanso asalariado.

Tu taconeo suena
pausado,
no hay prisa
para resignar el dolor.

Muñequita de percal
del año veinte,
hoy es domingo por la tarde
en Buenos Aires.


© Xenia Mora Rucabado

28/3/12

Poema de Florencia Lo Celso


Entretejo mi libertad
como el límite
de lo posible,
y la que no está
dada
pero
se esconde
.............. en algún
.................... río distante
............................. o
............................. en aquella sonrisa
................... que quedó esperando
................... la palma
................... de la mano,
............................. o
............................. aquella que transformó
................... la noche
................... en lugar
................... preciso.


© Florencia Lo Celso

Poema de Elena Cabrejas



PLEGARIA PARA LA MUERTE QUE NOS NACIERON

Tiéndenos tu música infinita hacia el terror de la nada
haz una casa de polvo de ladrillo rojo sobre la sangre.
Abre tus galerías de silencio
tus lentas brasas quemándose por dentro.
Déjanos conocer tu sombra agazapada
en un bosque de nubes que te espera
hasta el fin.
Te soñé en una pesadilla
en un laberinto de ratas que roían mis ojos
en una cruz de hueso
donde tu trenza ataba fuertemente mis presagios.
Hoy regreso en tus huellas de exilios incansables
de musgo pisoteado de piedras y sentencias
y se que serás testigo del despojo infinito
cuando la espuma del estupor se levante
cuando puedas narrar tus días sin hundirte en la noche.
Cuando dejes de cavar las tumbas y sólo seas
un eco de madera.
A paladas de noche tal vez el polvo nos rescate.

© Elena Cabrejas

Poema de Irene Gruss


LA ABSURDA

El amigo infiel
se muere porque lo persigo,
porque me persigue, no como a un fantasma
sino porque soy una cosa incorrecta.
Yo lo persigo porque soy también infiel
y me enamoro dolorosamente de
los que van a morirse.
Todo esto me hace muy mal,
sus abrazos
y la herida del amor
como una ventana rota.
Todo esto va a terminar por matarme.
Voy a terminar siendo muda
y oblícua como una monja
blanca como una muerta,
fiel,
... absurda.

© Irene Gruss

Poema de Miguel Oyarzábal



EFECTOS NOCIVOS DE LA MUDANZA

Emigrar una vez más;
fue soltar los vientos que creí definitivos,
emitir un grito inaudible pero que todos entienden;
fatiga en la respiración, sin excusas
y el latido de los amigos ganados, abarcando el pecho;
finalmente
y agotadas las pilas de la mirada,
asirme nuevamente a las valijas.
Luego,
confuso revoltijo de pensamientos, huesos y bártulos,
turbia despedida de la voz por la ventanilla
y una compleja truca de recuerdos que vuelca los ojos hacia adentro.
Emigrar una vez más;
darme de bruces contra el paisaje,
aprender otras calles con los mismos nombres,
como las caras
y vencer el hastío que hoy me invade;
con su geografía ciudadana
y mi suerte junto a los semáforos,
que es la suerte de nadie.
Emigrar una vez más;
es buscar la mesa donde recalar,
el cajón para los sueños,
las otras manos para las mías
y dejar, simplemente,
que vuelvan a crecer los dedos,
un intento más de aferrarme a los hombres.

© Miguel Oyarzábal

Poema de María Del Mar Estrella


LA FUERZA DE QUERER
..............................(letra de tango)

Un día como hoy te puede suceder
la vida de verdad, de tanto presentir
que en ese resplandor hoy vuelve a florecer
la magia de querer, la fuerza de latir.
Y frágil como sos, de pronto florecés
y se quedan atrás las lágrimas y el gris
porque tu corazón -desnuda timidez-
señora soledad, una vez más lo abrís.

Por qué negarte a ser la primavera
si aqui terminan todas tus esperas
abrí de par en par todos tus llantos
no ves que salió el sol sobre tu canto
y hoy es día de amar...y de volar.

Hay tanto por vivir, hay mundos por nacer
caminos que seguir, incendios donde arder
no quieras resistir la voz de renacer,
la fuerza de latir, la magia de creer.
Un día como hoy te puede suceder.
Araca, corazón, es hora de nacer.
Señora soledad deja ya de temer
y dame, libertad, la fuerza de querer.

© MARIA DEL MAR ESTRELLA

Poema de Ime Biassoni


QUE HIERVA

Nos despojan de las minas
nos despojan del agua
sin importar cómo
y nos dejan las ruinas.

Enajenado nuestro corazón
sometida nuestra belleza
con rapaces merodeando
se quiebra la voz.

Que no sea frágil nuestra tinta
que hierva al defender nuestro país
santamente bueno o simplemente cómodo
llorando por estar así.

Gime su atuendo
la bandera nuestra
¡qué cueza la tinta
hasta salpicar escuchas!

© Ime Biassoni

Poema de Leonardo Gastón Herrmann



Momias de insectos
colgadas de las fotos
Dragones que gestaron el recuerdo
y sus fantasmas
parásitos de arena
que crecen en las sombras.

© Leonardo Gastón Herrmann

Poema de Jennifer Moore


Pro – vocativos sin reservas

VIII

Hoy no quieres oír. Es el ruido
de la ciudad en llamas.
Se están quemando libros
Y el mundo ríe.

Pero aún, no es el fin.
Lo que buscamos
no ha sido escrito, todavía.

© Jeniffer Moore

Prosa de Elvira Alejandra Quintero



AHORA la lluvia resbala por los caminos verticales del espacio.

Nubes de humo formadas con nombres de poemas bailan tras un cristal, y los pensamientos se hacen más fuertes cada vez que las gotas se derriten.

Afuera las calles se complican con horarios y leyendas
Lento viajar y girar del pensamiento
La lluvia nos abraza, el calor nos derrite.

El fuego baila sobre caminos cóncavos, y la voz del cielo se hace dura.


© Elvira Alejandra Quintero

Poema de Norma Gianico


AUSENCIA

Encadenados
a un erotismo de migajas
mis labios gaviota
en vuelo hacia una isla de sábanas erectas,
laberinto de gemidos
brasa sorda de tu hambre de silencios
brincando el pasadizo de un instante.
En el abanico de lo posible
la lengua del olvido
y tu ausencia
murmurando juntos
en la ceguera de la soledad.

© Norma Gianico

27/3/12

Poema de María Teresa Andruetto


Ahora que viene el tiempo de los pájaros

Ahora que viene el tiempo de los pájaros
y de los brotes en las ramas y la blancura
... del almendro,

ahora que salgo al aire por las tardes
y riego plantas y veo cómo la tierra bebe
... el agua,

ahora que se agitan las polleras
... al murmullo de la brisa,

ahora que los niños conquistan el baldío
... y construyen refugios y saltan vallas,

ahora que en el barrio las mujeres se sientan
... a la sombra de los fresnos y toman mate
... y hablan,

yo miro a cada instante hacia el Oeste, hacia
... tu casa.


............................. Primavera de l992.
............................. In memoriam Clara Rut Crimberg.



© María Teresa Andruetto

Prosa de Ana Guillot


La existencia, vestida con tules transparentes, va. Crece y decrece. Y no elude. Desea pertenecer a la especie, ser peregrina absoluta en la tierra de los hombres. Sólo es necesario dejarse. Arrebatar por ella cuando tiende su tul, y late. Es bella su plegaria, su fértil concavidad. Translucencias intermitentes que permiten que el ser no se acomode en la inercia, sino que esté ahí, donde todo está ocurriendo, donde todo está por ocurrir.
Los hombres le temen porque dicen que puede ser letal. Lo creen y se corren, de su velo blanquísimo, de su canto. Pero es bella. Basta con haberse animado para querer permanecer en su tejido.
Sortearla es resignarse. A no germinar ni verdecer cuando todo es alumbramiento. Puro nacer a la memoria, a la ráfaga.
Pasa la existencia, su tul. Pese a ello, permanezco en mi tela.
Los hombres me temen también. Por algo que desconozco no avanzan más allá del límite del lienzo. Tosen, eructan, ríen. Pero dejan que teja. El tul, el nido.
La inercia es este hueso donde la fragilidad tenderá una trampa. Ahora Telémaco ha partido. A buscar a su padre. Y, aún así, ellos permiten que mi duelo se afiance en las hiladas. ¿No ven la argucia acaso?
Telémaco ha partido. Dicen que ya no volverá. Pero presiento. Que ambos han de venir. Me lo anuncian los dioses mientras el punto, la lazada, ata la incertidumbre de mi pena.
La mujer envejece mientras ellos socaban los cimientos. Sólo quieren el trono. No bien me descuide urdirán. La manera de acercarse a mi hueso.
Pasa la existencia y mi tul de abstinencia no condice con su fertilidad. Si pertenecer a la especie pudiera. Hembra solícita, aliviada.
Como si se pudiera. Usurpar la fidelidad, destrozar el acuerdo de los dioses. Me pregunto qué les atrae de mí.

© Ana Guillot

Poema de Álvaro Olmedo


violines

los violines afinan la tristeza
un gemido languidece en el viento
subsiste el alma desnuda en la tensión de sus cuerdas

uno se suma a otro
y la atmósfera se torna profunda
denso emerge el vaho de penas
............ese vacío que las notas revelan

su melodía estalla en los tímpanos
la expiración reaparece
en esa bruma que parecía superada
.....................en ese vivir apenas

© Álvaro Olmedo

Poema de Cecilia Glanzmann


Los sonidos polifónicos del alba
briznada de luciérnagas
nos buscan en la cotidiana realidad.
Es hora, dicen.
Y sombras sigilosas
se tornan lumbre pura.

Es unísono el mensaje
hilado en los tiempos de las vidas,
una huella en el poema y los poetas.

Que nos sean
la sabiduría y el amor
tan naturales como el sonreír.

© Cecilia Glanzmann

Poema de David Rosario Sorbille



La hora del crepúsculo

La hora del crepúsculo
se ha posado sobre la ventana.
Las palomas que visitaban
el cantero y la vereda,
han levantado vuelo.
La suave brisa
que cruza el espacio,
es como un velo de recuerdos
que inspira a mi alma.
El rumor de otros años
acompaña a mi soledad,
y la memoria dialoga
nuevamente con Ella.
La sigo en cada movimiento
y trato de retenerla,
con todo mi amor.
Luego, todo vuelve a lo mismo,
a la espera de la noche,
y al inútil descanso.

© David Rosario Sorbille

Poema de Ana Romano



Contrasentido

Licencia
que encabeza
la arbitrariedad
Preludio
que amedrenta
la recuperación
Creencia
que evoca
el orgullo

Mutila
los cuerpos
el sicario
Domina
la soberbia
las vestiduras

El cíclope
agrupa
el instrumental
Desnudo
el nódulo
mendiga.

© Ana Romano

Poema de Claudia Ainchil



PUEDE SUCEDER…

En diez minutos todo puede suceder
la temperatura corazón quizá emane atisbos
alejados de cualquier mediocridad
puede suceder que me descubras como en una instantánea
una instantánea mas
ese flash lucido de la primera vez
...tan solo frágiles intercambios de amor...
es posible que inesperadamente
mis ojos retiren lenguajes
y el alma huya
en ocasiones las esperas terminan...
En diez minutos todo puede suceder
quizá es real el mutismo
y los minutos se fueron convirtiendo
en diapositivas del pasado
tan mordaz e indescifrable
tan húmedo y frío...

© Claudia Ainchil

24/3/12

Poema de Hugo Mujica


Nacimiento

Cuando ya no quede
nada,
en la inmensurable extensión,
.................crecerá sin lindero el bosque.

El viento,
al fin, cosechará lo sembrado.

© Hugo Mujica

Poema de Marta Ortiz


Vimos por MTV
un mega recital que eran diez
mega recitales
sonando en diferentes metrópolis
querían acabar con la pobreza
cancelar el hambre
endémica en el África.
Detrás,
la sombra de Bono
el estadista
Geldorf y Mc Cartney entre bambalinas.

Escuchamos a un cantante
que encendía un cielo pintado:
estrellas en cada párpado
sobre ojos azulinos
también apócrifos.
Cantaba en Londres a lo Freddy Mercury:
We are the champions.

Pero no vimos champions
vimos máscaras
pactaban sueños
con las estrellas del pop & el rock.

Regresaban
a paupérrimos cuartuchos ahumados
traspasaban
los espejos vacíos
inhalaban
volátiles paraísos
olvidaban
esos molestos esqueletos
ambulaban por los siglos de los siglos
las calles del siglo XXI
que antes fueron las del XX y el XIX y el XVIII y...

Las mismas calles polvorientas
calles de África y Londres,
Tokio y otras metrópolis
donde los diez mega recitales aturdían.

© Marta Ortiz

Poema de Luis Benítez


Cinco contrapuntos para Erasmo de Rotterdam

V.

La condición humana es como un pequeño cocodrilo, Erasmo,
Hay quien lo lleva en su bolsillo y cuidadosamente
Sólo mete la mano cuando es rigurosamente necesario:
Hay quien cree que lo tira lejos

El animalito vuelve más grande el año entrante
Y arrasa los edificios a su paso
Con el imperativo de vengar la ingratitud

Sobre esto:
......Alguno se quedó con la baraja
......De uno u otro lado va a despedirse de sus días
......Con un gruñido bajo

Pero mientras tanto:
......No hay por qué quejarse despierto
......De las miradas que toleramos en sueños
......Aturdidos de jengibre como Amón el Profeta
......Como Amón el Profeta que ya en la edad
......Corría desnudo detrás de las langostas
......Agradeciéndole al viento los dones de la Zarza

Cuarenta años de desierto y sin bocado
No bastan para matar al pequeño cocodrilo

Incluso:
......Si Existe y si lo Ves, Erasmo,
......Te vas a poner muy nervioso y aunque
......No tengas ya bolsillos ni nervios
......Vas a revolver el aire de tu aire buscando cigarrillos

© Luis Benítez

Poema de Sonia Del Papa Ferraro


EL RIO DE CASIMIRA.

Custodiar el Río
es misión implícita en la sangre.
Un testamento que renueva los cauces
donde el tiempo de memorias
se evadió entre las manos de piel oscura.
El Río con piel de león,
celebra bajo el sol de la tarde.
Todo es profundidad en un abrazo
mezclado de dos orillas.
Africa en la piel
Charrúa madre entre las venas.
Sus trenzadas cabelleras, renegridas
todo lo sostuvieron
como enlazadoras de mundos
de hijos, de razas y de tiempo.
Custodia el Río de la Plata Casimira
su alma desnuda
que duerme madre,
........duerme Río,
............duerme madre charrúa.


© Sonia Del Papa Ferraro

Poema de Roberto Reséndiz Carmona


ES LA SED

La nombra sin voz
para atraer la esencia de la piel
y la acidez de la mejilla.

La nombra sin voz
lame la sal en el espejo del océano
la interminable soledad de la tormenta.

Es la sed
la que marca los nudos en los tapetes persas
el alma del tarot
la desnudez de la columna
los largos capiteles del calvario.

Se acostumbró a sobrellevar la vida sin espasmos
a noches sin vela ni vino de borgoña
a estar sin sombra
sin la veleidosa luz de sus extrañas.

Sabe que otros
le rozan el pelo y los pezones
que suben por tardes la colina
y en medio de la noche
saltan la reja
y el beso sin rostro que la ciñe.

Seguro está
que es la mujer extemporánea
que apareció sin páncreas ni riñones
sin amor para aparear
el corazón sin lluvia.

La nombra sin voz
con el monótono estertor
del desahuciado.


© Roberto Reséndiz Carmona

Poema de Andrea Pizzella



A través de la ventana
las luces son copos
en la ciudad donde nunca
veré nevar.

Los árboles callan
-sin hojas
su canción se llama imposibilidad-

Le coloco mi bufanda
al osito de peluche,
para abrigar memorias.
Los espacios se agigantan
entre lo oscuro
y la contrariedad
de abrazar sólo
un trozo de paño

en la ciudad
donde las penas maduran
detrás de los vidrios
obstinados de amanecer.

© Andrea Pizzella

Poema de Anahí Duzevich Bezoz


SENTENCIA

Ya lo resolví.

Me
marcho

me amas
demasiado.



© Anahí Duzevich Bezoz
Foto enviada por la autora del texto.

23/3/12

Poema de Enrique Sandri


Hay un lugar tal vez
donde se cierre este vínculo
sin fajas de clausura,
sin teros alcahuetes que
pongan al desnudo
nuestra condición de intrusos.
Un lugar despojado de sirenas
todos conocidos, iguales
emergentes o porreros.
Hay un lugar que suda
como tus senos,
con tu gusto.
Hay un lugar tal vez
para apoyar la cabeza
antes que se afloje y ruede.

© Enrique Sandri

Poema de Lidia Vinciguerra


Qué potencia tiene la memoria
y qué incipiente
la revelación del recuerdo.
Lo trivial y lo vano.
El fuego y la ceniza
en todas las miradas.
Descanso.
Descanso de las razones
de mis propias miserias.
Descanso del talento de la duda.
Padezco
aún hermosa yo padezco
ante la mentira
como una náufraga
con su largo vestido
teñido de lágrimas.
Nada me detiene.
Ni la vida demasiado triste.
Ni la duda.

.................. A Mariano Benítez



© Lidia Vinciguerra

Poema de Milagros Rodríguez


En la orilla
como esperando que la espuma
traiga sus peces
La tinta del mar
donde el sol reverbera de sonidos
Y los viejos amigos
a la deriva
peleando sus propias islas

En la orilla
todo ocurre en la orilla
Los grandes amores
Los ídolos vagabundos
Los dioses personales
Los sueños
Mas ligados a la intensidad del mar
que a las propias raíces

En la orilla
todo ocurre en la orilla
esa línea imperfecta que divide
quizás
un horizonte mas asequible
cuya ilusión tiene que ver
con el antojo del mar
sobre la arena


© Milagros Rodríguez
Imagen enviada por la autora del poema

Poema de Ignacio Giancaspro


Y la tarde espera
.......... espera tu voz
tu voz que no llega
angustiosa arena fluye
............ y me atraviesa
atónito vuelo
en planetas extraños
......... sin encontrar tu voz
.........sin encontrar tu voz
redimida tal vez
.........en espacios ajenos
cubiertos de glicinas
por aquellos dioses
que alguna vez
.........habitaron mi ser.

© Ignacio Giancaspro