28/1/12

Poema de Edna Pozzi


perdida
hecha migajas
observo como otros fugitivos
me alquilan me abandonan
cuelgan retratos en mis párpados
y cortinas de humo en mis rodillas
y se van vienen permanecen huyen
me usan por dolor o por cansancio
toman mi sed revuelven mis rostros
y mi pelo

a veces
algún niño
junta todos mis cuartos
mis estantes vacíos
y se duerme besándome las manos

© Edna Pozzi
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Roberto Reséndiz Carmona



PUERTOS SIN FIN

Por las calles de Faca
transita una canción sin cuerpo ni medida
una medusa
que aprendió a vivir en la intemperie.

Han dicho que ahí se pierde la conciencia
que la ciudad maquilla el temor de los viandantes
e injerta la yugular de turbulencias.

Cuentan historias de las rocas
portales columnas
puertos sin fin
espejismos
cuentan
historias de amor
soles con alero
barcos azules con mascarones de la luna.

Padecen del alma
cultivan amores contrariados
se dejan llevar entre bambucos
con el latido de una sonrisa virgen.

A veces se martirizan
en la permanente corola del deseo
entre paisajes albos
con la nostalgia que crece al medio día.


Por las calles de Faca
no miran para atrás
ni sobre el hombro
abren el alma
para volar con mariposas.

© Roberto Reséndiz Carmona
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Nina Thürler


El miedo

algo repta entre las sombras

el miedo multiplica los fantasmas
que se esconden siempre bajo las tormentas
pero el arco iris emerge entre las aguas
con todos los colores del vestido de Dios
justo a la altura del asombro

el viento ha silenciado sus silbidos

la madreperla intacta del corazón
encuentra en su silencio las respuestas
y entra en la vigilia de las amapolas

la cabeza dorada se reclina

.......... heredera sagrada de las orquídeas salvajes

© Nina Thürler
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Liliana Díaz Mindurry


CRISTO MUERTO
de Hans Holbein el joven

Había una vez, hubo una vez o no hubo nunca. No debo decir el caos.
Había una vez un lastimado,
se oye su muerte en todas partes,
en todas partes.

No ángeles de la guarda, no estampas, no luces, ningún contorno,
las horas del lastimado son eternas.

No luces.
Se puso toda la muerte en el cuerpo,
toda la muerte,
no ángeles,
las horas del lastimado
del muerto, del clavado a todos los cuerpos
crecen como serpientes. No debo decir el caos.

No luces, no ángeles:
los salmos se le duermen en la frente, debajo de las cejas y en la garganta.

Agitaba la eternidad como si fuera una mezcla.

Gatos negros y azules, palabras como gatos negros y azules se volcaban en /todos los caminos,
llevaba sus pobres milagros pequeños, el agua tibia de las frases goteando,
liviano como un dedo,
transparente.

No era un hombre.
No era una caja con forma de hombre.

Dulcemente su amor
se comía las cosas, brillaba en la saliva, se encendía en los costados de la boca.

Porque no es cierto que sí y no es cierto que no.
Le sacaron cualquier forma de la alegría
el brillo de la noche le enredó ese cuerpo que no gozaron las mujeres.
La luna como un lobo le mordió el vientre y le dobló la espalda.
Esperaba los clavos como fauces.

Los gatos se incendiaron.

Despacito se le aguaron los ojos.
No habría cielos empapelados de celeste
y crecerían las horas
los perros de las horas.

No habría más adentro ni afuera, ni aquí ni allá, ni latitud ni longitud.
Nadie cura la demencia,
... ningún paraíso. El deseo no corrige la forma de las cosas.

........ Dar órdenes no es lograr el resplandor.

Las cosas quieren salirse de sí, poner la mirada en blanco.
Es tan simple no estar.

Las horas del lastimado son eternas. Es eterno el perfume.
Es una negra música,
una ternura
...... como una negra música.

En las estrellas se salieron los gatos,
las palabras como gatos
resucitaron.

El deseo no corrige el mundo.
Gloria al deseo.

© Liliana Díaz Mindurry
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Graciela Maturo


Las mariposas

Las mariposas siguen
ardiendo
sobre los radiadores de esas máquinas
que los hombres llaman automóviles
Arden hermosamente
junto con nuestras trenzas, con las hojas
recogidas en el parque al atardecer,
con los cuadernos dibujados y el sueño
de las adolescentes
absortas de amor
que sabían mirar desde el lado del pájaro.
Arden aún con sueños que resplandecen.
Es su manera de existir
de decir su delirio entre los muebles
que crujen en el alba
entre los libros fósiles
desordenados en los viejos pupitres.
Ese minuto de su muerte dura para nosotras
es un rito
reconocido por dos chiquillas que se encuentran
en un lugar sin tiempo
para volver al parque donde un árbol espera
y descubrir que nada está perdido
que nunca nos alejamos de su sombra
y estamos aquí
danzando
esperando a los ángeles
entre alacranes insomnes
y mariposas que se suicidan.

© Graciela Maturo
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Nilda Barba



sonreí
desde todos los tiempos
desde los moños en el pelo
la pollera escocesa
las guillerminas
ah cierto
arriba las comisuras
aunque las lágrimas las empujen
aunque no haya nadie
sin llorar
ay cierto
el pelo está tirante
le pica la lana
de perfil
un pie adelante
para la foto
la hermanita la pisa
sonreí
cierto
qué difícil
las lágrimas desobedientes
los tiradores

© Nilda Barba
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Máximo Ballester


Juan Gelman

Juan elige sentarse al borde de una silla
desfondada. Ahí le crecen pájaros
tiernos nuevos
que revolotean por la ciudad en que nació.
Es seguro sí
que habrá más penas y olvido.
Y seguro también es que habrá más juanes
que sostendrán el mundo
con una palabra.
Luminosos juanes sentados al borde
de las cosas
resistiendo con versos previamente llorados
y amores que sí y que no
pero que son sin duda. Amores
que son como si supieran
que la cosa no es irse ni quedarse.
Como Juan sentado al borde de una silla
con dulces hijos suyos nuestros
para que la poesía
sea un árbol sin hojas que da sombra.
Para que la poesía
sea un hombre sentado en una silla desfondada
que da pájaros.

Máximo Ballester
© Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Marta Braier


Nocturno Hindú

Alguien llora
mientras escribo este poema
No es el rumor del agua
ni el viento entre las hojas
una rama en el río a la deriva
Y el poema pregunta y pregunta
la dulce lámpara encendida

pero sé de la luz que se apaga
Alguien llora
y nada deja de suceder

una rama en el río a la deriva

© Marta Braier
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Patricia Díaz Bialet


ES ASÍ

Entonces es así:
yo vengo,
te excito,
te encamino
y luego parto.

Sacudo mi cola kilométrica.
Abofeteo a las otras.
Te declaro mío para siempre
y luego parto.

Me encapricho.
Te enciendo.
Paseo mi oropel en tu nariz inconstante
y luego parto.

Entonces es como yo digo:
aspaviento para anda.
Entonces hagamos el amor con tus manos en el aire
en el preciso momento en que la multitud nos mira
y luego también parte.

Entonces es así:
aprender a desear y sólo eso.
Mecer mis senos fantasmas y esperar a que explotes.

© Patricia Díaz Bialet
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Marizel Estonllo


Sótano

Era la trampa ,en ese laboratorio
el de la antigua farmacia,
se abría como una boca con dientes de metal
alojaba las sustancias combustibles
en tambores ,
a baja temperatura,
a la sombra.

Una vez caí en él rodando por la escalera.
Pero fue hermoso,
por el rescate,
mi padre me salvó
me levantó en sus brazos
después me curaron las heridas leves.

Quedaron los golpes en la frente
Y el mareo por la bencina

Me pareció que ese día se habían ocupado de mí
Me dejaron tranquila y pude descansar.

Contar algo de la infancia es siempre un mito .

Después,
guardé la comunión con las sombras.
Más tarde
esperé otro rescate

Siempre los sótanos se ahondan en los recuerdos
Y las heroínas se agrandan.

Hay zonas donde es conveniente poner ciertos cuidados.

Bajar a enfrentar al Minotauro sin darse golpes en la cara.


© Marizel Estonllo
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Leonardo Gastón Herrmann



Espinas de cianuro
en la carne
incrustadas
goteando la sangre del paraíso
polaroids de las últimas horas
del insomnio de los peces.

© Leonardo Gastón Herrmann
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Liliana Varela


No quiero

No quiero morirme
siendo la siembra
sin fruto
de un cruel invierno.
Ser el manso viento
que molesta y no brama
al oído de los muertos.
No ser el huracán
arrasándolo todo a su paso.

No quiero sepultarme
sin la gota del veneno necesario
sin la simiente infecta del camposanto.

Quiero cerrar los ojos
sabiendo que he vivido lo debido-lo soñado
que he probado mieles y que también hiel
he mamado.

Que un cielo o un infierno juegan conmigo a los dados.

No.
No lo quiero.
No lo acepto.

No es lo que con mi alma he pactado:

vivir al borde de una orilla en altibajos
seguir las huellas implantando otras nuevas

orear el aire inspirado en exequias
y sentir que al final lo he logrado.

Saberme plena, satisfecha,
henchida de horas
repletas de malos y buenos tragos.

Saberme viva-insurrecta.
¡que ha valido todo el llanto!

© Liliana Varela
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Silvana Bonacci


Soy buscadora de nuevos retos
Un ojo de veras inquieto
que mira hacia adentro
¿Quién dice qué es fácil?
Desde el centro del caos
Es posible
La belleza de las cosas más pequeñas
La magia de la palabra
Encender un fuego

Rojos y anaranjados juegos
Rojos y anaranjados fuegos surcan por negras piedras
Equivocan las predicciones
Nadie sabe cuando estalla
Nadie sabe cuando muerde el dolor
Nadie sabe cuando amanece el amor
Nadie sabe
cuando lo imposible
te estremece
Estremece, me estremece

Y en una noche despojada de sogas ,tiempo y lienzos
La claridad sacude culpas y penas
Y así desnuda
Desnuda sí
Transito en este mundo del como sí
El arte revoluciona a fuego lento
La crisis del alma crea
En días de sangre y sudor
Infinitos rostros
Un enigma, otros juegos
Un hombre que sabe tiene más preguntas que certezas

Preguntas que encienden chispas en el silencio, me sacuden y me escriben
Y me entrego a rosas y espinas
Sin detenerme en los cambios de estación
Una rosa se deshilacha una mañana perfecta
cada pétalo acaricia mi boca incendiada en pétalos
La mujer aparece en la voz de un hombre
hambriento de rosas.

© Silvana Bonacci
Foto: Gustavo Tisocco

27/1/12

Poema de Adriana Maggio




Últimamente
la palabra se defiende
como gato panza arriba.
Se afila las uñas,
me tira manotazos,
me seduce la mano,
y se va.
La sigo a la terraza,
quizás entre la santa rita/ y el lazo de amor,
quizás al sol, que tanto le gusta.
O al atardecer,
cuando el fantasma del jazmín
hace sonar sus cadenas.
La sigo a la vereda,
bocinapuroperroqueladragolpedecemento,
se asusta / corre/ a refugiarse
en el libro que leo.
Loquita,
la acaricio, (¿la reescribo?)
tan ajena y tan mía.

© Adriana Maggio
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Marina Centeno



Se revientan los cabos en el muelle
de inquietudes de mar que les salpica el torso
en el pigmento de los arcoíris con su dulce mirada

Si existiera el mutismo
que levanta el vapor en el verano
cuando la geografía de la costa
a brazas huracanadas
distorsiona las formas de la playa

El horizonte no conduce a nada

pero ahí está -atenuando el futuro-
con sus trazos inciertos
y sus malabares imperdonablemente sucios


© Marina Centeno
Foto: Gustavo Tisocco

Prosa de Elvira Alejandra Quintero



Sobre delgadas calles como huesos voy desandando un sueño que insiste en revelarme otro territorio.

Abro un ojal en el aire para nombrar cualquier palabra, pero me voy por él, me voy, aunque alguna huella trate de alcanzarme aferrándose en alguna parte de mí.

Me lanzo al abismo de los andenes y me entrego a la soledad como los otros caminantes. Me disfrazo con los días y las noches que el tiempo no me ha permitido olvidar. Me vuelvo río y calendario, caracol que alucina la mañana y sueña sobre extensos arenales.

Soy mi sueño de anoche mientras voy por los andenes. Baratijas y abalorios tientan mi deseo. Voces sin melodía ninguna murmuran verdades sin trascender el tiempo. Pieles cansadas bajo la lluvia densa lanzan junto a mis ojos miradas de embriaguez y hastío.

Miro el punto de fuga donde el tiempo se nubla recostado en las paredes y vuelvo sobre mi sueño, calendario y río, desde el ojal que invento sobre estas calles sin esquinas.

© Elvira Alejandra Quintero
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Juan Lucas Pantaleón Andrín



Tango

Por los bajos arrabales,
te voy queriendo tango y
me hago macho,
allá por calle Cangallo,
donde vive todavía
el lenguaje del cuchillo.

Me voy perdiendo a tu lado,
y un cigarro es la locura,
de amar y no ser amado,
bajo la luna rota,
farol de mi pasado.

El azar me tiene sin cuidado,
de un minuto a otro
voy perdiendo la nobleza,
y el futuro es cosa vieja,
en el puente del hambre y
el fracaso.

Sólo vos me haces fuerte
tango, y en esta milonga
mal lograda, camino
firme en el suburbio,
por barrio 9 de Julio,
hay mi vida,
hay tango,
si me viese “cacho” Baños.

Y cuando llegue a la esquina,
quizá pierda estos versos
en un vaso, o tal vez pierda
la vida, por defender
de puro guapo lo más vano.

Pero así soy querido tango,
en otro tiempo voy llorando,
con el corazón entre las manos,
llorando, llorando,
por haberla querido tanto.

© Juan Lucas Pantaleón Andrín
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Ana Romano


Rumbo

Acurrucada
recuerdo
Mi figura cautiva
por el nudo del brazo
Desato
sin embargo
la amarra
Salto el cerco
Emancipada
humeante.

© Ana Romano
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de María Luisa Márquez


UMBILICAL

Un caudal de brasas
.......... tiene el alma
infinitesimal
resbalan
los escalones de la sangre.
Desde la umbilical gesta
esparce lo que adiciona
............ y convoca.
A veces un número
.............. en el tiempo
un desgarro de identidad
hasta sortear
............ la aurora
que pueda detenerla.

© Maria Luisa Márquez
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Daniela De Angelis



ADAGIO

Enzarza la noche
su lenguaje salino.
Emigras de mí
la sombra del miedo.
En el lunario de tu nombre
el nacimiento me regresa.

© Daniela De Angelis
-Imagen, Josep de Togores-
(Enviada por la autora)

25/1/12

Poema de Carmen Amato


Qué importante es tener un jardín
en nuestra infancia, no importa
si es grande o pequeño, un jardín
que podamos llevar en nuestra mente
para que después, adultos, viviendo
en ciudades industriales, en condominios
casi en el aire, sedentarios y agotados
por el trajín de la vida cotidiana,
podamos sacar a retozar en él
ese trozo de infancia que aún guardamos.

© Carmen Amato
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Julio Carabelli




.......................... A Gregorio Marchac
.................... In memoriam


Iba con su fe
sólo con ella
y algunas baratijas por si acaso.
El viejo barrio
lo conocía
lo amparaba como se ampara
al árbol
a los gorriones
aquellos que volaron sordos
cuando explotó
el barrio
los árboles y sus piernas.

© Julio Carabelli
Foto: Gustavo Tisocco

Prosa de Ana Guillot


Sólo el desgarro de la manga. No lo hubiera notado si no. Si no fuera por esa pequeña hilacha que se abre en el borde, un ruedo exiguo que delata (que siempre delatará) el tropezón.
El hombre que está en el lecho, al lado de Casandra, no lo ha visto aún. Se complica cuando de mirar se trata. Y aún más si los desgarros fuesen muy pequeños o estuvieran escondidos, inertes. A veces no se perciben casi. Pero inician la brecha por la cual la tela se abrirá.
Dije que nadie dio pie a ningún comentario. Dije que el silencio fue fatal, leal, ponderativo. Pero él algo sintió, lo sabemos. De lo contrario no hubiera mirado a Casandra con esa ausencia en los ojos.
No hubiera repetido: -Si tuviéramos, si tuviéramos un hijo-. No hubiera buscado la mano infantil de la cordera para buscar el íntimo camino hacia su sexo. Para buscar la concreción más allá de la cópula.
El tropiezo había sido leve, pero quedó en el centro de su vacilación, abriendo las esclusas de los miedos.
Como si se pudiera. Olvidar a la muerte tan así. Tan higiénicamente, tan constante.
Ella no sabe. Ella hubiera querido un hijo con Eneas, una historia diurna, magnífica. Besos en mitad del mercado (temblor y tenderetes) como peces que se alimentan en su propia sal. ¿Pero ahora? Él no es el hombre deseado (ése es Eneas). Sin embargo, algo hay entre ellos. Algo que cuesta dirimir, desentrañar.
Hace días que se miran diferente. Hace días que ella no se corre cuando él sube al lecho. Hace días que él duerme (o que hace que duerme) abrazado al cuerpo de la joven. ¿Y entonces? Habrá cierta ternura. Una sinuosa ruta en donde ambos depongan el mandato, las reyecías, el dominio y los juegos de poder. En donde ambos amparen el perdón.
Habrá una licuación de los fervores. Es posible que llore la cordera. ¿Y si llorara él?
-Si tuviéramos un hijo- dijo, acaba de decir Agamenón.
Y ella sonríe. Es una hembra abierta, caliente, esponjosa.

© Ana Guillot
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Olga Liliana Reinoso


agosto

Yo quiero defenderlo por modesto,
por ser injustamente calumniado,
por transcurrir la vida, maniatado,
sin insultos ni gritos; sin un gesto.

Por ser galante y, además, apuesto,
aunque el vulgo lo juzgue endemoniado
él, generosamente, y tan callado
guarda la dignidad del rey depuesto.

Dicen las malas lenguas que es ventoso
y es tiempo de morir. Pero no entiendo
la saña del gentío indecoroso

ni sé por qué razón anda mintiendo
si para mí es tan noble y tan hermoso:
Agosto me dio un hijo. Y lo defiendo.

© Olga Liliana Reinoso
Foto:Gustavo Tisocco

Poema de Eduardo Espósito


LECTURAS

Y esperabas el arribo de la siesta
para leer tu diario en llamas
en la hueca reposera del silencio
Ya callados los pájaros
bajo amenaza el viento
dominando el motín de los sentidos
te ibas fundiendo a la intemperie
y ni siquiera la llegada de la noche
lograba divorciarte del paisaje
Apetencia voraz de tu intelecto
Genio y figura
Así caías de la tinta a la catrera
con la sola gimnasia de unos párpados
obligados penosamente al sueño
Las brasitas del día arrinconadas al fin
y la rumiada pastura de un periódico.

.......................A Olaf Stapledon

© Eduardo Espósito
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Silvia Loustau


Oniricos V

blanco y de piedra / plano y con la cara arriba
toda la vida toda la muerte como si una acción quedara detenida para siempre y
porque la gente en el río y entre las llamas vuelve .

no estoy en ningún lado pero en alguna parte alguna cosa ha quedado de mí.


© Silvia Loustau
Foto: Gustavo Tisocco

22/1/12

Poema de Sonia Rabinovich


Museo del holocausto

Yo soy ese-dijo el hombre-
reconociéndose en la foto del niño
con gorra y manos levantadas
apuntado por fusiles alemanes
Yo soy ese- dijo
nos dijeron que dijo
Y sin embargo
¿Cómo ser ese niño
Después de ese niño?

© Sonia Rabinovich
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Cecilia Glanzmann


Meditaciones

Delante de la mirada
detrás de los párpados cerrados
veo

arenas en figuras poliédricas
como amatistas moviéndose.

Hay rías de luz.

En los meandros de nuestras pisadas
un asterisco puede abrirnos
de pronto, una puerta .

Los párpados se abren
y al beber el silencio
veo
que se nos permite el paso.

Y también, el regreso.

© Cecilia Glanzmann
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Luis Benítez


Cinco contrapuntos para Erasmo de Rotterdam


III.

A fin de cuentas no hemos logrado nada.
Estos bocetos, fintas sobre el papel inconcluso,
El rollo enorme que se devana y devana
Cayendo sobre el piso como los pliegues de grasa
Del cuello de una ballena.
¿No fue todo, acaso, de Gilgamesh
A lo último, el Profuso Testamento?
Erasmo, no tenemos la dicha de ser Enkidu.
¿O tu Santo Moro es acaso, en el fondo,
Más allá de las formas la forma de Enkidu?
¿Si la Palabra es la hierba mágica,
Por qué no puede encontrarla Enkidu?
¿Acaso vos no sos la forma, Erasmo,
Que tuvo Enkidu de encontrar la forma?
En Babilonia la gente no quiere hacer nada,
Sólo Erasmo dispara contra el Reloj,
Como un antiguo duelista,
Mientras el Reloj susurra:

“no temas la depresión nerviosa
no mirés a la calle pero mucho menos adentro de tu casa
si alguien dice para animarte
´cada amanecer inventá una sonrisa´
no busqués la barreta de hierro
ni le pongas pentotal sódico en el vermouth
(lo primero es mera envidia
lo segundo el eterno y simple anhelo de compañía)
cae la sombra pero vos no le temas a la depresión nerviosa

pero cae la sombra

no conozco a ningún hombre inteligente
que no sueñe con ser el idiota
cuando sus dos se quedan a solas

pero cae la sombra”

Y si viene el Mantuano
No va a decirte ya que estás en medio de la vida
Ni que sos responsable de la construcción
Ni de la conservación de nada
Todo esto sucedió hace largo tiempo me acuerdo
No te preocupés: ya entonces era todo poco amistoso
Y por todos lados corrían activísimos

Aunque las escaleras estaban mucho menos polvorientas
Subieron y bajaron innumerables libros

Nadie puede soñar de nuevo con la isla legendaria
Aunque si entrás allí o te das cuenta de que estás allí
Hacéme caso y conservá la esperanza
Hay cosas que se dicen pero que nadie hace.

Por ejemplo: Jesús estaba siempre de buen humor.

© Luis Benítez
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Marta Ortiz


Oráculo

....................A mi abuela Iti


…el recuerdo es el pliegue y el olvido la urdimbre.
Walter Benjamin


II

No la abuela que no conocí,
la que bebió del cactus en el desierto
el agua
la que pisó corajuda el fortín
a contramarea de la patria
vulnerada y venerada
en mi ciudad de amnesia.

No la que murió
loca de vieja y asmática
en el confín,
del que un día
no bajó más
altillo des-aireado
solo fatiga y asfixia.

Para que se cumpliera
cada línea y entrelínea,
el oráculo
al pie de mi cuna cifrado:
su mirada nunca encendería la mía.

Solo puentes.
Voces tendidas en el tiempo.


© Marta Ortiz
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Cristina Chaca


NADA FUE IGUAL

Rasgó uno a uno los velos de sus sueños,
con un jirón de ellos le hizo un nudo a la mirada.

Derrochó la ternura a cuatro manos
y podó con tijeras de cristal cada recuerdo.

Nada fue igual desde aquel día.

No hay noche que no llore alguna estrella
ni mañanas con cielos indivisos.

© Cristina Chaca
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Eduardo Dalter


Pasás ladeada, vida;
depende el barrio.

O acariciando con un ala,
o dando fuerte con el pico.

No pasás derecha, vida;
vos planeás, planeás.

© Eduardo Dalter
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Fabiana Posse


Un día…

Inadvertida detrás de la ventanilla de un tren cualquiera
Desvestida de mí rezo para que al fin te bajes y permanezcas
Esquivando durmientes espantados de dolerse como cisnes muertos
Partida del tránsito de mis surcos que se alejan de la estación
Visitando sin venir a tu casa mí tallo, a tu palabra mi savia
Fotografiando detrás del obsceno vidrio esta osadía, este esqueleto de Cupido, esta avidez de meteoros
Yo se que un día voy a temblar lavando tus sucias ropas, voy a seguir el ritmo de tu remera blanca y desterrada de azúcar
Voy a gemir en tu telaraña mientras devoro tus medias, parte de tu talón, digiriéndote despacio, reteniéndote
Mientras el cuarto rey mago te deje una carta sobre tus piernas violetas de dormirse sin dormirse…
Un día…
Quedare soñada ahí en tu amanecer como una emboscada
Como una bastarda menos vos, mas esquina sin salida
Más ochava, menos cenicero
Mas bola negra número ocho, menos bandera blanca, más ruido a nueces en la boca, menos boceto desnudo frente al espejo
Un día existirán
Menos sueños malcriados sobre tumbas desiertas
Menos lluvia en fuga sobre las pieles del misterio (lo mejor de nuestra piel es que no nos deja huir)
Menos turista llena de dudas comprando suvenir
Menos preñez de tu signo astrológico y de todas tus edades
Menos jardines de lenguas sin ceremonias como ciudades que se besan en la mano cuando se extrañan.

© Fabiana Posse
Foto: Gustavo Tisocco

Poema de Claudia Ainchil


SE VAN DILUYENDO LAS PALABRAS

Se van diluyendo las palabras
día a día
puedo intentar un ensamble de diálogos
para evitar que la cuerda se rompa
y estalle en mil pedazos lo que podría haber sido
y no fue
puedo armar un documento del corazón urgente
y hacerlo llegar
pero las sombras no tienen dirección ...


© Claudia Ainchil
Foto: Gustavo Tisocco

21/1/12

Poema de Lidia Vinciguerra



Desde el invierno, veo la muerte. La presiento.
Doliente muerte de textura de felpa
en un invierno.
Y en otro, interminable cubo de madera.
Alargado cubo de madera.
Alargado como los hombres. En cruz
como el pájaro circulando.
Empecinada y sostenida y clavada
en los cielos de Felipe.
Doliente y escondida detrás de un poema de Vallejo
sostenida es la muerte en una estación sin alondras
una estación donde duele demasiado el silencio
a punto de eternidad.
Nunca diré que despiadadamente
la muerte
acaba de nacer en la palabra
en el espacio vacío
a contratiempo
entre el gozo de la voz y la letra
porque duelen llamas en los ojos quedos
a la hora del tumulto.


© Lidia Vinciguerra
Foto: Gustavo Tisocco